El regreso de Alfonsina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todos somos ilusión.
Suficiente una ráfaga,
un instante de azar,
para romper el muro
que levantó el vacío.
(¡Vida, yo te reprocho!).
¿Qué diluvios cayeron?
Recuerdo el día prístino,
el cielo sonreía,
sus ojos, hacia ti,
clavándote una estrella,
la más inocente,
la que aguarda
como aguardan las horas
al tiempo exacto.
(No hay estrellas diminutas).
Y el alba fue promesa
de un camino de sol,
con ríos de universo
ordenado, infinito,
de aguas que bautizan
a los pies descalzos.
Y recorrió senderos
de luz que acaricia.
Una nube, sus formas.
Una hoja levitando.
Una flor que se abre.
Un audaz remolino.
Suficiente.
Y pusiste tu asombro
al cobijo de un árbol.
(De raíces se nutren).
Todos somos ilusión.
Mas, de pronto, la lluvia
amenaza a los campos,
y te inunda de miedo
y te acechan las sombras
y recubres de musgo
la piel de tu acicate,
ahogando las ganas
en el blanco horizonte.
Doblegas al destino
devorando su ruta
-en tu propia defensa,
por si él te anegara-
y ante el último rayo,
maldiciéndole al cielo,
te prometes ya nunca
ser la estrella que fuiste.
(Tú, tal vez, no lo sabes).
Sí, también el vacío
habita en ciertos pájaros,
les enferma las alas,
pensándose reptiles;
pero manos calientes
hay que curan el vuelo,
enjugando sus costras
y atusando el error.
Solo falta un instante,
el azar, una ráfaga,
Solo falta
tu "yo".
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