TODO ES MEDITERRÁNEO
La caracola devana su poema espiral con vocación de infinito
ante un auditorio de clérigos arrebolados
Sus versos alineados y erectos
eran lanzas surgidas de los dedos extendidos.
Las ventanas ojivales espectadoras circunspectas
elevaban su pétrea oración hacia el óculo
trasunto de un cielo encarcelado
impetrando espasmos telúricos
como aplausos que los clérigos
no podían concederles.
El solsticio de verano anhelaba la coyunda
con el plenilunio de agosto.
En las lejanas orillas del mar voraces gaviotas
réplicas de los alimochas ingrávidos
traían en sus picos aromas de romero y hierbabuena.
La caracola anhelaba hacer de su espiral un infinito
y sus versos se transformaban en palomas y murciélagos
que celaban con clarioscura intermitencia
las nervaduras arborescentes de aquel teatro de luces
La caracola sedente se mecía
sobre las vaharadas de incienso-
Era largo el camino hasta la nube
las oraciones sincopadas se entrelazaban sin ritmo
y creaban delicadas florescencias
que eran un eficaz atractivo para el turismo.
Las viejas tierras de Sísifo eran ya escenarios de progreso
Los versos melifluos que entonaba la paciente caracola
se vendían en grabaciones con la versión moderna de Homero.
Yo esperaba al joven azor que me traería un retoño de retama-
Porque al final todo es Mediterráneo.
´
La caracola devana su poema espiral con vocación de infinito
ante un auditorio de clérigos arrebolados
Sus versos alineados y erectos
eran lanzas surgidas de los dedos extendidos.
Las ventanas ojivales espectadoras circunspectas
elevaban su pétrea oración hacia el óculo
trasunto de un cielo encarcelado
impetrando espasmos telúricos
como aplausos que los clérigos
no podían concederles.
El solsticio de verano anhelaba la coyunda
con el plenilunio de agosto.
En las lejanas orillas del mar voraces gaviotas
réplicas de los alimochas ingrávidos
traían en sus picos aromas de romero y hierbabuena.
La caracola anhelaba hacer de su espiral un infinito
y sus versos se transformaban en palomas y murciélagos
que celaban con clarioscura intermitencia
las nervaduras arborescentes de aquel teatro de luces
La caracola sedente se mecía
sobre las vaharadas de incienso-
Era largo el camino hasta la nube
las oraciones sincopadas se entrelazaban sin ritmo
y creaban delicadas florescencias
que eran un eficaz atractivo para el turismo.
Las viejas tierras de Sísifo eran ya escenarios de progreso
Los versos melifluos que entonaba la paciente caracola
se vendían en grabaciones con la versión moderna de Homero.
Yo esperaba al joven azor que me traería un retoño de retama-
Porque al final todo es Mediterráneo.
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