José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Muslos, nieve eterna,
lienzo de alabastro, anhelo de invierno dulce,
cumbre íntima con su huella oscura
hemistiquio ante un lirio abierto.
No hay luz que te defina,
eres peldaño, escalón sin voz,
forma austera anclada en la entraña oscura
donde llameantes relámpagos claman a Dios.
Estrellas paralelas desde el umbral del día
el poder nocturno en tu ser se interna
muriendo el otoño en tu sendero
donde la flor duerme en su fragancia.
Quién te ha dado esa fuerza de trueno,
esas alas inmortales que zigzaguean bajo la lluvia,
en el abismo, con las ganas de vivir intactas,
en la orilla de la playa insatisfecha.
Allí donde los dedos buscan la armonía templada
en el estrecho lago con hendidura de mañana.
Suave como la miel en primavera te busco
y encuentro tu sonrisa destilada como un águila libre.
Última edición: