SCARAMOUCHE
Poeta recién llegado
Hecho con marfil, ébano y caoba,
barroco gira un místico tiovivo,
retablo ornamentado en infinito
reflejo de un gran lujo artesanal.
Entorchada es inmensa la columna
que actúa sutilmente como un eje,
avanzando a propósito prudente
en las idas y vueltas que así da.
Obra de arte absoluta por entero
es, rococó, un juguete fino y mágico,
luminiscente dando vida álgido
a los deseos de un público infantil.
Fábulas, cuentos, mitos y leyendas,
recogen los tallados de sus seres,
con frescos además en las paredes
que invitan a, soñando, ser feliz.
Unicornios, sirenas o pegasos,
avanzan al compás que se les dicta,
ensartados con barras y manijas
subiendo y bajando en carrusel.
Combinados de múltiples maneras
sus intérpretes rotan entrañables,
fantásticos y lindos personajes
que han vuelto a mi espíritu otra vez.
Calabazas con formas de carrozas,
trenes de ensueño, globos de colores,
caballitos de mar y hasta dragones...
...abalorios son del mismo ajuar.
Gárgolas, gnomos, barcos de piratas,
bajo planes idénticos actuando,
el de volar en círculos pausados
alrededor del gran Nunca Jamás.
Es su cúpula, magna, una corona
que distinguida luce beneplácito
tras la cuál, obedientes, sus vasallos
cortejan obedientes a la par.
Mientras, una hermosa melodía,
resuena omnipresente alzada en himno,
clásico, embriagador y distinguido
como el de una cajita musical.
Y hacia él en marabunta van los niños
confirmando que siempre será idéntico,
mientras que yo, de lejos, lo contemplo
con una perspectiva ya neutral.
Sin embargo, en secreto aún amándolo,
todavía, quizá, lo envidie un poco,
pues al franquear mi punto sin retorno
el perenne...girando seguirá.
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