LICIUS
Poeta recién llegado
El tiempo, incesante flor de paraíso
que vemos lentamente marchitarse en nuestra carne.
Le vemos en nosotros tan insaciable de espacio,
y le alimentamos con nuestra sangre sin destino.
No podemos asirla, y con desesperación
intentamos retener su marcha hacia el vacío
con rutinas y dogmas y costumbres y medidas.
Llámase la novia fugitiva,
y su fragancia nos oculta el mal olor de ser cadáver;
cadáver que llevamos como incómodo peso
en la virtualidad del esqueleto que nos teje
la mortaja de la Noche,
el silencio del silencio.
Dónde cabrá tanta espera, dime.
Dónde cabrá tanta sombra.
LICIUS
Derechos Reservados de Autor.
que vemos lentamente marchitarse en nuestra carne.
Le vemos en nosotros tan insaciable de espacio,
y le alimentamos con nuestra sangre sin destino.
No podemos asirla, y con desesperación
intentamos retener su marcha hacia el vacío
con rutinas y dogmas y costumbres y medidas.
Llámase la novia fugitiva,
y su fragancia nos oculta el mal olor de ser cadáver;
cadáver que llevamos como incómodo peso
en la virtualidad del esqueleto que nos teje
la mortaja de la Noche,
el silencio del silencio.
Dónde cabrá tanta espera, dime.
Dónde cabrá tanta sombra.
LICIUS
Derechos Reservados de Autor.