GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
Hay modestos relojes que se burlan del ahora
y saludan a otro atrás del tiempo,
un atrás de esos que miran por el espejo,
y les guiña un ojo desde todavía más atrás,
como si el pasado tuviera pedacitos de repuesto.
Hace un tiempo atrás, tan atrás que hace rato
ya venía prepoteando al mismo tiempo atrás,
para que no fuese tiempo adelante,
ni tiempo al costado, solo atrás, bien atrás,
para no ser jamás un tiempo apresurado.
Hace un tiempo que ya era atrás cuando todavía era tiempo,
desde hace un micro-nano-mini rato,
de esos que ni la memoria alcanza a guardar,
como un parpadeo dentro de otro parpadeo, un casi nada, un menos que nada,
un momento fugaz antes que termines de leer esta frase.
Y yo,
que solo quería un lúdico instante,
quedé atrapado en un deliberado bucle obstinado
del atrás detrás del atrás, donde el reloj tose su último segundo
y cada minuto llega tarde, siempre tarde,
porque siempre llega desde atrás.
eternamente atrás.
y saludan a otro atrás del tiempo,
un atrás de esos que miran por el espejo,
y les guiña un ojo desde todavía más atrás,
como si el pasado tuviera pedacitos de repuesto.
Hace un tiempo atrás, tan atrás que hace rato
ya venía prepoteando al mismo tiempo atrás,
para que no fuese tiempo adelante,
ni tiempo al costado, solo atrás, bien atrás,
para no ser jamás un tiempo apresurado.
Hace un tiempo que ya era atrás cuando todavía era tiempo,
desde hace un micro-nano-mini rato,
de esos que ni la memoria alcanza a guardar,
como un parpadeo dentro de otro parpadeo, un casi nada, un menos que nada,
un momento fugaz antes que termines de leer esta frase.
Y yo,
que solo quería un lúdico instante,
quedé atrapado en un deliberado bucle obstinado
del atrás detrás del atrás, donde el reloj tose su último segundo
y cada minuto llega tarde, siempre tarde,
porque siempre llega desde atrás.
eternamente atrás.