Ibrahim Sadhid
Poeta recién nacido
Retorno a mis primeros libros,
para ahogar la pérdida de mi amada.
En esta lúgubre media noche,
meditando débil y fatigado:
las doctrinas de los poetas malditos,
recitando las letras oscuras,
evocando el crujir de las puertas:
puerta de mi habitación,
puerta de mi alma atormentada,
puerta de mis oscuras fantasías.
Ausencia de mi amada.
Los tizones agonizan en la chimenea,
y con vehemencia deseo que amanezca.
En vano me esfuerzo en buscar en los libros,
un alivio a mi tristeza.
Tristeza por perder a mi amada,
Tristeza por perder la esperanza.
Por la hermosísima y refulgente mujer,
a la que nunca jamás volveré a ver.
Se ha ido, se ha perdido, se ha muerto.
El fino, delicado, triste rumor de las cortinas,
El ruido tembloroso de las ventanas,
me invade , me llena de terrores.
Terrores desconocidos para mí hasta este día.
Me esperan días de oscuras, lúgubres e insoportables pesadillas.
¿Es que acaso un extraño ser me visita?
¿Un extraño ser del abismo?
Esforzándome para calmar los latidos de mi corazón;
corro, grito, tiemblo y declamo poesías en la habitación:
¡Me he convertido en El Cuervo!
¡Habito el inframundo!
He recitado versos evocando fantasmas,
¡He permanecido Una Temporada en el Infierno!
¡Perfumado por Las Flores del Mal!
En este momento siento mi alma,
vacía, efímera, dormida.
¿Qué es lo que veo?
¡Tinieblas, sombras y nada más!
Examino con atención estas tinieblas,
Quedo lleno de asombro, temor, y dudas.
Sueño con lo que ningún mortal se ha atrevido a soñar.
Siento mi alma abrasada, rebelde y majestuosa:
Sueño que camino por un cementerio,
vorágine me muevo entre la penumbra,
pisando sobre los cadáveres viejos,
observando las límpidas tumbas.
Sueño que camino por un cementerio,
mi cuerpo se agita, deambula,
escucho los huesos sonar a mis pasos,
percibo celajes, rostros y sombras.
sueño serpientes, sueño corderos,
sueño con niños que desaparecieron,
Una serpiente me besa en la boca,
abro los ojos de prisa,
un árbol inmenso en una pradera,
camino por muchas espigas.
No vacilo un minuto:
Soy un pájaro de ébano.
Ella nunca más volverá. ¡Nunca más!
¿Llegó desde el cielo profundo o brotó del abismo?
No sé. No lo sé. Sólo recuerdo su mirada divinamente infernal.
Ella expresaba en su mirada el ocaso y la aurora.
Era mi destino encadenarme a su falda,
A su alegría.
Encadenarme al desastre,
Encadenarme a su vida.
¡Bendigo esta noche!
Soy un moribundo acariciando su tumba.
En otro tiempo mi vida era un banquete,
en el que se abrían todos los corazones.
Más hoy me estrangula la noche
y la nostalgia me muerde por tu ausencia.
Soy una bestia feroz.
Que se ahoga con sangre;
sangre de los poetas malditos,
que escribieron con sangre sus sentencias,
y las desdichas de sus pequeños dioses perdidos.
Hoy me revuelco en el fango,
juego con la locura.
¡Estuve en un sueño!
y la muerte con todos sus apetitos,
egoísmos y travesuras... me ha visitado.
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