Silencio Nocturno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los deseos se estrellan contra la inexorable inercia del silencio.
Ernestina Champourcin
Infinita sea la calma del mar que soñando queda
bajo el perfume de lo que no muere,
congelando con el fuego el amanecer.
Dueña de la noche que esclavizas mi libertad,
soy el orgullo de tu dolor, la amargura de la luz,
el incienso que desprende el templo del viento.
Respiro tu fuego,
inundas mi alma con los gemidos de tus manos,
puñales de plata que se quedan en mi corazón,
pero nunca tocarás mi alma.
Sonríe mientras muerdes mis labios que tiemblan,
haz suspirar a la luna, susurrar el mar,
temblar la arena de los pilares de tus dedos,
yo soy el limite.
Somete mi voluntad al canto de tu voz,
terciopelo negro que acaricia mi cuerpo,
que rasga el silencio de la tumba
que siempre dejas abierta.
Entra,
aún puedes beber de la copa de barro,
guarda mi sangre envenena de ti.
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