Ese fruto prohibido que apareció frente a mis ojos, pecado puro. Tan diabólica y maldita, que al infierno te mandaría. El temor del fuego me hizo retroceder y aun así no podía dejar de ver. Con ganas miraba el rojo de su piel, con deseo quería tomar y morder, con pasión necesitaba el fruto para comer. Ese fruto convertido en mujer, hasta al hombre más fuerte, debatía en su proceder. Fruto perfecto que parecía el cielo poseer. Perdóname, Dios, por ella el infierno iré a ver.