Halloran
Poeta asiduo al portal
TENDREMOS FUTURO
Como si fueran caras
de una misma moneda,
los besos y la ausencia
siempre corren parejos:
sé bien que el tenerte
es absurda quimera...
Cuando te tengo, vivo.
Mas te vas, y yo quedo.
Basta sólo con verte
para emprender el vuelo
al país donde nunca
jamás llega el invierno.
Luego, en la despedida,
vuelven los pies al suelo,
vuelve a hacerse de noche,
vuelvo a sentirme muerto.
No sé qué raro hechizo
haces cuando te abrazo
que de tal modo cambia
mi verdad y mi mundo:
que me nacen las alas
cuando estás a mi lado...
Luego, cuando te marchas,
no hago pie y me hundo.
Me vivo en la rutina
insípida del tiempo
que no tengo y me lleva
siempre tan cuesta abajo...
Me falta la caricia
de tu cabello al viento:
no hallo razón alguna
para hacer mi trabajo.
Cada día que empieza
en mi cama vacía
de ti y de tu cuerpo,
comienza otra condena.
Mi casa es una cárcel
siempre triste, gris, fría,
absurda como absurda
es esta amarga espera.
Pero espero y llegas,
y me vistes de flores...
Y te visto de estrellas
cuando en tu ser habito.
Y de nuevo te pierdo
y vuelven los dolores,
y me vuelve el vacío
de este vivir contrito.
Pero llegará el día
en que ya no te vayas,
en que ya no te pierda
y la luna sonría.
Y ese día bendito
mi reloj tendrá cuerda
para marcar las horas
sin fin de la alegría.
Cuando ese día llegue
beberemos buen vino,
la mesa estará puesta
y la vida completa,
daremos buena cuenta
del banquete servido
en bandeja de un oro
que mi dicha refleja.
La mirada perdida
que hoy se pierde en la nada
la perderé en tus ojos,
la perderé en tu vida...
Los brazos que esta noche
se abrazan a mi almohada
abrazarán tu cuerpo
sin notar la fatiga.
Y seremos nosotros,
y tendremos futuro,
y los días que lleguen
traerán besos al alba.
Esperando esos tiempos
sobrevivo al apuro
de vivir esta ausencia
que va matando mi alma.
Como si fueran caras
de una misma moneda,
los besos y la ausencia
siempre corren parejos:
sé bien que el tenerte
es absurda quimera...
Cuando te tengo, vivo.
Mas te vas, y yo quedo.
Basta sólo con verte
para emprender el vuelo
al país donde nunca
jamás llega el invierno.
Luego, en la despedida,
vuelven los pies al suelo,
vuelve a hacerse de noche,
vuelvo a sentirme muerto.
No sé qué raro hechizo
haces cuando te abrazo
que de tal modo cambia
mi verdad y mi mundo:
que me nacen las alas
cuando estás a mi lado...
Luego, cuando te marchas,
no hago pie y me hundo.
Me vivo en la rutina
insípida del tiempo
que no tengo y me lleva
siempre tan cuesta abajo...
Me falta la caricia
de tu cabello al viento:
no hallo razón alguna
para hacer mi trabajo.
Cada día que empieza
en mi cama vacía
de ti y de tu cuerpo,
comienza otra condena.
Mi casa es una cárcel
siempre triste, gris, fría,
absurda como absurda
es esta amarga espera.
Pero espero y llegas,
y me vistes de flores...
Y te visto de estrellas
cuando en tu ser habito.
Y de nuevo te pierdo
y vuelven los dolores,
y me vuelve el vacío
de este vivir contrito.
Pero llegará el día
en que ya no te vayas,
en que ya no te pierda
y la luna sonría.
Y ese día bendito
mi reloj tendrá cuerda
para marcar las horas
sin fin de la alegría.
Cuando ese día llegue
beberemos buen vino,
la mesa estará puesta
y la vida completa,
daremos buena cuenta
del banquete servido
en bandeja de un oro
que mi dicha refleja.
La mirada perdida
que hoy se pierde en la nada
la perderé en tus ojos,
la perderé en tu vida...
Los brazos que esta noche
se abrazan a mi almohada
abrazarán tu cuerpo
sin notar la fatiga.
Y seremos nosotros,
y tendremos futuro,
y los días que lleguen
traerán besos al alba.
Esperando esos tiempos
sobrevivo al apuro
de vivir esta ausencia
que va matando mi alma.