F. Noctívago
Poeta recién llegado
No temo que el fuego se apague,
ni al frío, ni a arduas pendientes.
No temo al tiempo que arrastra
los recuerdos y sus fuentes.
Temo el día en que tu nombre
se olvide sin ruido y en calma,
que el eco se vuelva sombra
y se pierda en mi alma.
Temo el silencio tan frío,
ese que nada pronuncia,
el adiós que no deja
raíces en luto.
Temo por este amor hondo,
que por arder tan de veras,
un día no deje rastro,
ni cenizas, ni esperas.
ni al frío, ni a arduas pendientes.
No temo al tiempo que arrastra
los recuerdos y sus fuentes.
Temo el día en que tu nombre
se olvide sin ruido y en calma,
que el eco se vuelva sombra
y se pierda en mi alma.
Temo el silencio tan frío,
ese que nada pronuncia,
el adiós que no deja
raíces en luto.
Temo por este amor hondo,
que por arder tan de veras,
un día no deje rastro,
ni cenizas, ni esperas.