[center:7d15c77f8d]Fue acreciendo aquel sentir profundo,
fue durante lo que no nos cuenta el tiempo,
pululaba silencioso en los hondos sueños,
una rosa roja, que incrustaba de amor jocundo.
Cernida fuese al pecho, alevosas sus espinas,
recorriendo cadenciosas mis cenizas
y mis huesos renegridos en mortuoria siembra,
estiraban insistentes a fugar hacia mortales tierras.
Regado por los llanos del olvido,
en parcelas milenarias de los últimos suspiros,
inerte exhalaba mis versos de hedionda palustra,
que incitaban suicidas cantos de solitarias musas.
...
Ermitaño de su tumba descomponiendo edades,
Anhelando incomprensible acabar la vida, sus falsedades,
aunque muerto en su conciencia yacía enterrado,
en la tumba etérea, imperceptible, sollozando.
La oscuridad que cubre el alma abandonada,
tronó sobre el espacio, dispersando desparramada,
inundando el infinito de un grito despavorido,
que atrapó y enredó entre el infinito inacabable.
Entre penumbras se abrazó aquel llanto,
de una densa sombra que vagaba las inmensidades,
otra vaga esencia desvalida, en busca de un consuelo,
que escondía tras espesa capa, el amor verdadero.
Y rompiendo raudos las cadenas del letargo,
resquebrajaron ensañados la herrumbre de sus sienes,
abrieron ojos dilatados en su entorno,
se buscaron...
Hasta el recodo mas inmundo,
hasta la frontera mas lejana,
se encontraron al fin...
Destruyendo el mundo, cayo el cielo,
desapareció la tierra, tragando los mares...
Todo fue negrura, nada mas quedo,
comprimió el universo y ensancho el vacío,
suicidas fueron en el limbo,
solo dos oscuras lumbres,
sin cuerpo, ni alma.
Un amor en las cumbres de la nada,
y una rosa negra,
que no borrará el viento, que nació durante un sueño
y murió petrificada,
para permanecer en el pecho sin desbaratarse,
mientras surquen soledades fusionadas,
en siniestras eternidades...
...
Y yo, aquel montón de podredumbre resucitada,
te regalo los rastrojos de mi alma,
que escuchaste el ruego y grito desesperado
y cual mis pies llagados me buscaste,
asesinando las musas que me atormentaban.
Y mi pluma muere, mas mi esencia no redacta,
solo tu epopeya exalta,
que de la muerte me abortaste,
y de la soledad me vomitaste.
Corusco de una chispa,
en el bruno espacio,
que fulge encandilando
y desdibuja lo existente.
Cegadora lobreguez que dilata mi conciencia,
Y hace parir un mundo nuevo,
en la fusión de nuestro encuentro...[/center:7d15c77f8d]
fue durante lo que no nos cuenta el tiempo,
pululaba silencioso en los hondos sueños,
una rosa roja, que incrustaba de amor jocundo.
Cernida fuese al pecho, alevosas sus espinas,
recorriendo cadenciosas mis cenizas
y mis huesos renegridos en mortuoria siembra,
estiraban insistentes a fugar hacia mortales tierras.
Regado por los llanos del olvido,
en parcelas milenarias de los últimos suspiros,
inerte exhalaba mis versos de hedionda palustra,
que incitaban suicidas cantos de solitarias musas.
...
Ermitaño de su tumba descomponiendo edades,
Anhelando incomprensible acabar la vida, sus falsedades,
aunque muerto en su conciencia yacía enterrado,
en la tumba etérea, imperceptible, sollozando.
La oscuridad que cubre el alma abandonada,
tronó sobre el espacio, dispersando desparramada,
inundando el infinito de un grito despavorido,
que atrapó y enredó entre el infinito inacabable.
Entre penumbras se abrazó aquel llanto,
de una densa sombra que vagaba las inmensidades,
otra vaga esencia desvalida, en busca de un consuelo,
que escondía tras espesa capa, el amor verdadero.
Y rompiendo raudos las cadenas del letargo,
resquebrajaron ensañados la herrumbre de sus sienes,
abrieron ojos dilatados en su entorno,
se buscaron...
Hasta el recodo mas inmundo,
hasta la frontera mas lejana,
se encontraron al fin...
Destruyendo el mundo, cayo el cielo,
desapareció la tierra, tragando los mares...
Todo fue negrura, nada mas quedo,
comprimió el universo y ensancho el vacío,
suicidas fueron en el limbo,
solo dos oscuras lumbres,
sin cuerpo, ni alma.
Un amor en las cumbres de la nada,
y una rosa negra,
que no borrará el viento, que nació durante un sueño
y murió petrificada,
para permanecer en el pecho sin desbaratarse,
mientras surquen soledades fusionadas,
en siniestras eternidades...
...
Y yo, aquel montón de podredumbre resucitada,
te regalo los rastrojos de mi alma,
que escuchaste el ruego y grito desesperado
y cual mis pies llagados me buscaste,
asesinando las musas que me atormentaban.
Y mi pluma muere, mas mi esencia no redacta,
solo tu epopeya exalta,
que de la muerte me abortaste,
y de la soledad me vomitaste.
Corusco de una chispa,
en el bruno espacio,
que fulge encandilando
y desdibuja lo existente.
Cegadora lobreguez que dilata mi conciencia,
Y hace parir un mundo nuevo,
en la fusión de nuestro encuentro...[/center:7d15c77f8d]