JOSE MANUEL SAIZ
Poeta asiduo al portal
Han acabado con tu vida,
toro de la alegre tarde.
Palmas, pañuelos de lino
brillando en los tendidos.
Blasones, pasodobles de fanfarre
festejan una bravura
que ya no está contigo,
marchita para siempre
de tu cuerpo rojo y negro.
Humilladas las astas
tu lomo yace entre las tablas.
Dolor en tu mirada.
Sonrisa en la cara
de un matador gallardo
que dará vuelta a una plaza
capoteada de media luna,
de sol y de sombra,
de jerez y banderas.
Por fin terminó tu castigo.
Manoletinas, remolinos,
pases de pecho,
vivas y olés,
cohetes al viento.
Roja la arena de tu sangre caliente,
rindiendo honor a una gente ardiente
que baila por ti,
que festeja tu muerte,
que corea en la plaza
tu triste suerte.
No más humillación,
toro de la alegre tarde.
No más comparsas
ni embestidas al viento.
Fueron las acometidas de tus astas
triste galardón
para el altivo matador
que puso fin a tu aliento.
Aún recuerdas las luces de oro
brillando en su pecho.
Todavía sientes el frío de su acero
penetrando por tu vida.
Te llevas como recuerdo
su mirada morena clavada en tu lomo.
Y el brillo de unos ojos
que nunca miraron los tuyos.
Negros como el dolor.
Negros por raza y orgullo.
Continúa la fiesta.
Guirnaldas, flores y abanicos
corean tu cuerpo inerte.
Trompetas doradas anuncian al aire
la presencia de esbeltos corceles
que llevarán lejos de aquí
tu agonía y tu muerte.
Tu vigor lo perdiste en la arena,
se fundió con la tarde.
Y fue a cubrir de gloria la muleta
del que no te considera enemigo,
del que te llama amigo...
pero cuya espada no perdona.
Acabando con tu vida.
Dando calor a la fiesta,
color al tendido...
acabando contigo,
toro de la alegre tarde.
...
..
.
Con respeto a los amantes de la fiesta. Es una visión desde otra perspectiva... la del toro. Saludos.toro de la alegre tarde.
Palmas, pañuelos de lino
brillando en los tendidos.
Blasones, pasodobles de fanfarre
festejan una bravura
que ya no está contigo,
marchita para siempre
de tu cuerpo rojo y negro.
Humilladas las astas
tu lomo yace entre las tablas.
Dolor en tu mirada.
Sonrisa en la cara
de un matador gallardo
que dará vuelta a una plaza
capoteada de media luna,
de sol y de sombra,
de jerez y banderas.
Por fin terminó tu castigo.
Manoletinas, remolinos,
pases de pecho,
vivas y olés,
cohetes al viento.
Roja la arena de tu sangre caliente,
rindiendo honor a una gente ardiente
que baila por ti,
que festeja tu muerte,
que corea en la plaza
tu triste suerte.
No más humillación,
toro de la alegre tarde.
No más comparsas
ni embestidas al viento.
Fueron las acometidas de tus astas
triste galardón
para el altivo matador
que puso fin a tu aliento.
Aún recuerdas las luces de oro
brillando en su pecho.
Todavía sientes el frío de su acero
penetrando por tu vida.
Te llevas como recuerdo
su mirada morena clavada en tu lomo.
Y el brillo de unos ojos
que nunca miraron los tuyos.
Negros como el dolor.
Negros por raza y orgullo.
Continúa la fiesta.
Guirnaldas, flores y abanicos
corean tu cuerpo inerte.
Trompetas doradas anuncian al aire
la presencia de esbeltos corceles
que llevarán lejos de aquí
tu agonía y tu muerte.
Tu vigor lo perdiste en la arena,
se fundió con la tarde.
Y fue a cubrir de gloria la muleta
del que no te considera enemigo,
del que te llama amigo...
pero cuya espada no perdona.
Acabando con tu vida.
Dando calor a la fiesta,
color al tendido...
acabando contigo,
toro de la alegre tarde.
...
..
.