Évano
Libre, sin dioses.
Mi tinta es niebla que asciende la ladera
de un mañana que algún día llegará.
Son escritos de rocío, de hierba; pies
esforzados por sentir a lo vivo.
Serán alturas de muerte los ojos
que vean los fuegos que suben a nubes virtuales,
tan invisibles como sombras de bombillas.
Escribo en la piel de la tierra; pasos
en malezas y zarzas y barros,
de piel, de huesos entre esqueletos de robles.
Invierno de letras que titilan a lo lejos.
Inverno del poeta en la cueva irreal.
Penetra el monte en la carne; impasible
esta natura que no sabe de emociones.
Intento dibujarla con letras; algo
tan difícil como el verso de Internet.
Red, o tinta de la duda que nubla la cabeza.
Escritos sobre papel que no existe
y que mezcla dentro pensamiento y mundo;
realidad que no palpas; viaje
al interior del infinito del yo comunitario.
No se haga más grande la entraña del hombre
cuando aún se halla perdido y vacío tantísimo yo.
Está la vida fuera: en el monte, y en el árbol,
y en la noche, y en la niebla, y en el frío, y en el calor;
y en el beso, y en el amor, y en la muerte. La vida.
Téngase esto como un trozo que se roba
al insomnio, a la pereza, y al televisor,
y al inmenso interior del yo del universo
donde titilan las estrellas del pecado capital.
de un mañana que algún día llegará.
Son escritos de rocío, de hierba; pies
esforzados por sentir a lo vivo.
Serán alturas de muerte los ojos
que vean los fuegos que suben a nubes virtuales,
tan invisibles como sombras de bombillas.
Escribo en la piel de la tierra; pasos
en malezas y zarzas y barros,
de piel, de huesos entre esqueletos de robles.
Invierno de letras que titilan a lo lejos.
Inverno del poeta en la cueva irreal.
Penetra el monte en la carne; impasible
esta natura que no sabe de emociones.
Intento dibujarla con letras; algo
tan difícil como el verso de Internet.
Red, o tinta de la duda que nubla la cabeza.
Escritos sobre papel que no existe
y que mezcla dentro pensamiento y mundo;
realidad que no palpas; viaje
al interior del infinito del yo comunitario.
No se haga más grande la entraña del hombre
cuando aún se halla perdido y vacío tantísimo yo.
Está la vida fuera: en el monte, y en el árbol,
y en la noche, y en la niebla, y en el frío, y en el calor;
y en el beso, y en el amor, y en la muerte. La vida.
Téngase esto como un trozo que se roba
al insomnio, a la pereza, y al televisor,
y al inmenso interior del yo del universo
donde titilan las estrellas del pecado capital.
Última edición: