Antonio J. Martín
Poeta fiel al portal
Es sano y agradable
hablar conmigo mismo,
sacar mis conclusiones
y entenderme yo solito,
mis pensamientos los quiero
dando lo mejor:
la prudencia, es bien hallada,
la temeridad, ni por amor
y la valentía, en las cumbres más altas.
En un hervor, disuelvo la negatividad,
la que siempre está de más,
conmigo mismo
charlo y vuelvo a charlar
y en la clandestinidad de mis charlas...
fracturo todo mal.
Todos los días me paso lista,
quiero estar presente
en la vida,
observar lo que digo,
observar lo que hago
y si fuera preciso
al taller del pensamiento
por el bien de uno mismo.
Dialogar con nuestra mente
no es ganar cualquier batalla,
simplemente es alumbrar
con luz del sol muy clara
aquello que se antoje
en las calles del pensar.
Yo mismo me digo:
arréglatelas tú solito
y escucha a tu interior
suave y callado,
ahí encontrarás
a tu sabio corazón
que nunca te morderá.
hablar conmigo mismo,
sacar mis conclusiones
y entenderme yo solito,
mis pensamientos los quiero
dando lo mejor:
la prudencia, es bien hallada,
la temeridad, ni por amor
y la valentía, en las cumbres más altas.
En un hervor, disuelvo la negatividad,
la que siempre está de más,
conmigo mismo
charlo y vuelvo a charlar
y en la clandestinidad de mis charlas...
fracturo todo mal.
Todos los días me paso lista,
quiero estar presente
en la vida,
observar lo que digo,
observar lo que hago
y si fuera preciso
al taller del pensamiento
por el bien de uno mismo.
Dialogar con nuestra mente
no es ganar cualquier batalla,
simplemente es alumbrar
con luz del sol muy clara
aquello que se antoje
en las calles del pensar.
Yo mismo me digo:
arréglatelas tú solito
y escucha a tu interior
suave y callado,
ahí encontrarás
a tu sabio corazón
que nunca te morderá.
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