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Suerte, siempre nuestra

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Pariendo divinidades,

no hay sol que ilumine todo mar,

geometrías geocéntricas,

todo centro se vuelve,
hogar de uno,
cárcel de pensamientos tercos,

finitudes iniciales,
como si al tiempo lo esperara el futuro,

tierras hundidas,
en los oleajes de cruentos huecos,

visceralidades inertes,

se elevan estatuas con alma,

lucen las armas de los muertos,
ahora raíces indomables,

desdoblan las orillas de los vivos,
en donde la suerte se mece,

siempre muerta,

siempre nuestra.








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Pariendo divinidades,

no hay sol que ilumine todo mar,

geometrías geocéntricas,

todo centro se vuelve,
hogar de uno,
cárcel de pensamientos tercos,

finitudes iniciales,
como si al tiempo lo esperara el futuro,

tierras hundidas,
en los oleajes de cruentos huecos,

visceralidades inertes,

se elevan estatuas con alma,

lucen las armas de los muertos,
ahora raíces indomables,

desdoblan las orillas de los vivos,
en donde la suerte se mece,

siempre muerta,

siempre nuestra.








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La existencia humana y las luchas interiores.
La vida y la muerte, la libertad y la prisión, están interconectadas en una danza compleja.

Saludos IgnotaIlusión
 
El poema explora la tensión entre lo divino y lo terrenal, entre la creación y la destrucción, mostrando un mundo donde los conceptos de hogar, tiempo y vida se vuelven fluidos y paradójicos. Las imágenes de tierras hundidas, estatuas con alma y armas convertidas en raíces sugieren que incluso en la muerte y en la pérdida persiste una fuerza que transforma y da sentido a la existencia. La voz poética refleja la inevitabilidad de la finitud humana, mientras reconoce que la suerte, la vida y la muerte están entrelazadas de manera inseparable, creando un universo donde todo es simultáneamente efímero y eterno.


Saludos Cordiales
 
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