Ventura hoy como todos los días nadie a preguntado por ti.
Tus últimos recuerdos están agonizando sin remedio alguno.
La hora llamada calma ha dejado de leer tu mano.
Hay aun el recuerdo de un búho muerto, una foto amarillenta de un anciano montando un asno.
Ofelia nos estaban sacando a puntapiés del paraíso.
Nadie te vio caer esa mañana.
Te encontraron mas tarde desmayada en el frío azulejo, el agua tibia cayendo por tu cuerpo como una cadena de perlas.
Un gnomo sardónico reía a carcajadas en la copa del bonsái.
Atravesé los pórticos de mármol cuando el fantasma terminaba de tocar su enloquecido piano.
Ibas corriendo a los brazos de la blanca amnesia.
La copa de oro se había desbordado.
Tus últimos recuerdos están agonizando sin remedio alguno.
La hora llamada calma ha dejado de leer tu mano.
Hay aun el recuerdo de un búho muerto, una foto amarillenta de un anciano montando un asno.
Ofelia nos estaban sacando a puntapiés del paraíso.
Nadie te vio caer esa mañana.
Te encontraron mas tarde desmayada en el frío azulejo, el agua tibia cayendo por tu cuerpo como una cadena de perlas.
Un gnomo sardónico reía a carcajadas en la copa del bonsái.
Atravesé los pórticos de mármol cuando el fantasma terminaba de tocar su enloquecido piano.
Ibas corriendo a los brazos de la blanca amnesia.
La copa de oro se había desbordado.