Orfelunio
Poeta veterano en el portal
♣
Su directo semen
Se siente un sol satisfecho
por sus calores,
y los colores de nuestros ríos.
Desnudo un cuerpo en el ático
se inflama la carne,
engordan sus venas.
La mañana nos levanta
hinchados de vida,
nuestros aires danzan,
nuestra savia mueve
toneladas, y toneladas
de litros de semen:
nalgas ardiendo
que sin toalla,
roja la teja en su más turbo,
por un sol se deja,
y un culo siente
el engorde de un capullo
que reposa medio muerto,
y al calor broca de fuego
es fresón como mi puño.
Después, de vuelta al ruedo
no es calor,
es el sexo con vida propia,
la comida del amor,
y el amor es otra cosa.
Y me alimenta un sol,
y yo me sacio, y todo es yo,
y yo me seco,
y yo soy todo,
y dos por uno,
y tres por dos.
Todos los pijos son míos,
los hijos todos son tuyos,
y tuyo todo soy yo.
Un joven se hace viejo
y nos regala los sentidos,
y un demonio imposición
del pensamiento,
en cuerpos desalmados
se ha hecho fuerte
en la ignorancia por interés,
acomodada en el palco del poder.
Nos dice que no tiene constancia,
que le diera una copia relativa
a la petición activa;
se ha negado en su saliva,
diciendo, referente a lo mismo,
sol y salgo, saldo y capital pendiente,
sin salida, estado de la cuenta,
deber de lo pendiente, estricto,
motivo inválido
Que lo pida por escrito,
que alegue un padecer
anterior a la desgracia;
no puede ser que encuentre el eslabón,
debe de haber equívoco en la instancia.
No he visto cuernos en la frente del señor,
pero olía a demonio, y poca gracia.
¿Qué se cree? Pensará que es más Satán
que yo, y no escucha mi idiosincrasia,
tampoco observa mi ventaja.
La edad otorga a su poseedor
cartas de cara blanca,
un cheque en blanca cantidad
firmado al portador
que lleve la pancarta.
Voló un cuchillo certero.
La blanca hoja y su reflejo
cayó sombría escondiéndose en su pecho.
Me miró sorpresa, de cara consultivo;
le ofrecí una muestra de su propia fiera,
y levantó la mano, y abrió su boca;
le saqué los dientes, le corté los brazos
y comí su lengua; me bebí sus tragos,
ocupé su silla, arreglé la mesa
llena de expedientes, y ante tanto folio,
preguntó: ¿Qué sientes?
Proseguí el trabajo lo limpié de semen.
Su directo semen
Se siente un sol satisfecho
por sus calores,
y los colores de nuestros ríos.
Desnudo un cuerpo en el ático
se inflama la carne,
engordan sus venas.
La mañana nos levanta
hinchados de vida,
nuestros aires danzan,
nuestra savia mueve
toneladas, y toneladas
de litros de semen:
nalgas ardiendo
que sin toalla,
roja la teja en su más turbo,
por un sol se deja,
y un culo siente
el engorde de un capullo
que reposa medio muerto,
y al calor broca de fuego
es fresón como mi puño.
Después, de vuelta al ruedo
no es calor,
es el sexo con vida propia,
la comida del amor,
y el amor es otra cosa.
Y me alimenta un sol,
y yo me sacio, y todo es yo,
y yo me seco,
y yo soy todo,
y dos por uno,
y tres por dos.
Todos los pijos son míos,
los hijos todos son tuyos,
y tuyo todo soy yo.
Un joven se hace viejo
y nos regala los sentidos,
y un demonio imposición
del pensamiento,
en cuerpos desalmados
se ha hecho fuerte
en la ignorancia por interés,
acomodada en el palco del poder.
Nos dice que no tiene constancia,
que le diera una copia relativa
a la petición activa;
se ha negado en su saliva,
diciendo, referente a lo mismo,
sol y salgo, saldo y capital pendiente,
sin salida, estado de la cuenta,
deber de lo pendiente, estricto,
motivo inválido
Que lo pida por escrito,
que alegue un padecer
anterior a la desgracia;
no puede ser que encuentre el eslabón,
debe de haber equívoco en la instancia.
No he visto cuernos en la frente del señor,
pero olía a demonio, y poca gracia.
¿Qué se cree? Pensará que es más Satán
que yo, y no escucha mi idiosincrasia,
tampoco observa mi ventaja.
La edad otorga a su poseedor
cartas de cara blanca,
un cheque en blanca cantidad
firmado al portador
que lleve la pancarta.
Voló un cuchillo certero.
La blanca hoja y su reflejo
cayó sombría escondiéndose en su pecho.
Me miró sorpresa, de cara consultivo;
le ofrecí una muestra de su propia fiera,
y levantó la mano, y abrió su boca;
le saqué los dientes, le corté los brazos
y comí su lengua; me bebí sus tragos,
ocupé su silla, arreglé la mesa
llena de expedientes, y ante tanto folio,
preguntó: ¿Qué sientes?
Proseguí el trabajo lo limpié de semen.