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Sota, Caballo y Rey

Sergi Siré

Poeta asiduo al portal

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Estaban en el bar dos hombres sentados uno frente al otro separados por una baraja de cartas y muchas copas vacías.

Uno de los dos había arrastrado sus pasos hasta aquel antro con los bolsillos llenos de billetes que guardaba en una caja de zapatos a los pies de su cama. Vestía con camisa, pantalón de pinzas, tirantes y un pañuelo como fajín.

El otro hombre no estaba solo. Junto a él a sus espaldas había tres señores a cual más alto, más seco y con peores intenciones.

Yo estaba sentado a un par de mesas más atrás y lo único que lograba ver era a l pobre hombre pobre temblando y secándose a cada segundo el sudor con el cuello ya sucio de la camisa. Se arremangaba y luego volvía a bajarse las mangas, se ponía de pie y caminaba para volver a sentarse. El camarero dejaba dos copas más cada cierto tiempo. Los tragos en aquella mesa bajaban rápido. Sobrevolaban rastros de humo habano alrededor de la escena. Como buitres carroñeros disfrazados de humo.

El más grande de los dos abre la baraja y coloca unas cartas sobre el tapete. En ese momento le pregunta:

_¿Estás seguro de hacer esto?
_Completamente seguro; quiero hacerlo. _respondió el pobre hombre pobre pensando seguramente en lo contrario a lo que su traidora boca decía.

El bar era un lugar muy caluroso y la gente ya se había ido. Solamente quedaba esa mesa y la mía. También una mujer levantaba el brazo en la barra junto a los servicios.

_Puedes perder. ¿Quieres hacerlo?
_Quiero hacerlo. ¡Quiero hacerlo, joder! ¡¿No me has oído?!

Por lo que pude escuchar era un hombre tristemente casado. Pues no amada a su mujer ni mucho menos a sus tres hijos. Guardaba sus pocos ahorros en aquella caja de zapatos, sí, la que estaba a pies de su cama. En una noche aun más triste que aquella había atropellado a un hombre y se había dado a la fuga. Ahora solamente aquel grupo que compartían mesa y penas con él en este bar sabían lo que había sucedido. Prometían silencio a cambio de su dinero. El pobre hombre pobre sabía que tenía todo el dinero suficiente para pagar aquella deuda. Sin embargo, tramaba quedarse con gran parte del dinero que había en esa caja de zapatos. Pretendía entregar la caja con la suma suficiente y guardarse el resto en el bolsillo.

El trato era sencillo: tu dinero por nuestro silencio.
Aquel hombre quiso cambiar las reglas del acuerdo y propuso en una llamada de teléfono días antes a la cita que estaba observando en el bar: “En lugar de todo mi dinero me jugaré la mitad en un duelo. Si gano te entrego una cuarta parte del dinero. Si pierdo os lo lleváis todo”

_Voy a repartir 5 cartas a cada uno. Quien tenga la suma más alta ganará la partida. ¿Estás de acuerdo?
_Está claro.

El jefe y sus tres acompañantes habían aceptado la apuesta y se disponían a jugar.

_Levanto yo primero. _Dijo el pobre hombre pobre.

Un cinco, un cuatro, un uno, un tres de corazones y un tres de picas.

Luego levantó sus cinco cartas el jefe: Un cinco, un dos, un cuatro y con cartas con el tres de corazones. Sumaban uno más que el pobre hombre perdedor.

Enseguida aquel hombre reaccionó y levantó en cólera señalando con energía desmesurada las cartas que había en la mesa.

_¡Estás mintiendo! No puede haber tres veces la misma carta. ¡Me estás mintiendo!
_Yo no he estado mintiendo. Tu niegas el atropello, niegas dinero a tu esposa y a tus hijos, ocultas dinero en el bolsillo, ...

_¡Pero era una partida limpia! ¡Sin trucos! ¡Me has engañado!

En ese momento se levantó el otro caballero y sonriendo le dijo:
_No te he engañado, tú te has dejado engañar.
 
Me encanta... escribes muy bien, y tienes un estilo muy original. Un mensaje...
Bueno, no tengo comentarios, sólo qeu me gusta mucho, y saludos, nos seguimos leyendo.
Princesa Negra.
 
soñadora incurable dijo:
Increible, no hay letra que no salga de tus manos que no oculte un mensaje, una clara lección hacia quien dejó de ver lo evidente...
Cada día crece mi admiración por ti y te lo digo muy en serio, no es falsa palabrería, ni hipocresía por quedar bien, no tengo que quedar bien ante nadie ...
Me encantó la manera de decir que la mayor mentira que existe es la que nos hacemos a uno mismo, que nadie nos engaña porque sea peor que nosotros, que somos nosotros mismos quienes permitimos ese engaño, pueden sacarse tantas cosas de estas letras.
Realmente tienes arte en esa pluma amigo, quizás por eso busque cada una de tus letras, jejeje.
Saludos :::hug:::
TE dejo una nueva carta, es el 5 de estrellas está sin marcar asi que cuidamela que es de mi baraja personal.
Un abrazo


G R A C I A S
 
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