Traída por el azar.
Te abandonas a mis brazos,
A tu destino, común
A nuestras dos voluntades.
(Jorge Guillén)
Te abandonas a mis brazos,
A tu destino, común
A nuestras dos voluntades.
(Jorge Guillén)
SONRISA DE BÓVEDA SECRETA
Sin esperar, antes de que el mar hiera
y lacere la pintura verde de los ojos,
queriendo testimonios de lugares con lava
hago el gesto discreto que me hace soñar.
Sin esperar, para ser almizcle de un río
que recorre entre fronteras abonadas,
adherencia para formar trazos
de templos brillantes, noches
que en la gravitación respirada
dejan acampanados lirios de piel.
Sin esperar, ser envoltorios anunciados,
sombra de unas luces amanecidas
palabras de baile caliente, vitrales
indomables en velos de resonancia.
Sin esperar nada más que el canto,
madrugada de profundidades, donde
la paz queda en tránsito de encantos
que restaurados hace de los cielos rojos
el caliente golpe para los desiertos húmedos
de entre vuelos y ebrias semillas silenciadas.
Luz especial,
pues masticamos simetrías de perfección
divina opera para las esquinas de tracería,
pasado y futuro…, aromas que se respiran
en el sacrosanto drama de las coronaciones
ambivalencia de lámparas de esta realidad.
Mirándonos.
Sé que tu contemplación es ráfaga de agua secreta
sede de los dedos que se llenan en mis alientos,
fanal de incendios de una bebida de apnea
en el ónice de los latidos y huellas contenidas…,
queriendo convertirnos en perlas de luna brillante
que deja el beso de las ubicaciones en la llanura,
adorándonos en el amanecer de la ternura de los ciertos.
Nuestro rincón del corazón, regla de resplandores
secretos en acceso para dejarse lavar por cortinas,
una búsqueda de alas para el sueño más reciente
pues el amor es lastre del toque en manos de olas.
Pues el amor es inundación de resplandores.
Aquella, la primera sonrisa de bóveda secreta
de un corazón que, aun herido en sus tiempos,
reconoce la docilidad de la dulzura soñada.
¡Es el momento para ir hacia el velo de los eternos!
* * * * * * *
luzyabsenta
y lacere la pintura verde de los ojos,
queriendo testimonios de lugares con lava
hago el gesto discreto que me hace soñar.
Sin esperar, para ser almizcle de un río
que recorre entre fronteras abonadas,
adherencia para formar trazos
de templos brillantes, noches
que en la gravitación respirada
dejan acampanados lirios de piel.
Sin esperar, ser envoltorios anunciados,
sombra de unas luces amanecidas
palabras de baile caliente, vitrales
indomables en velos de resonancia.
Sin esperar nada más que el canto,
madrugada de profundidades, donde
la paz queda en tránsito de encantos
que restaurados hace de los cielos rojos
el caliente golpe para los desiertos húmedos
de entre vuelos y ebrias semillas silenciadas.
Luz especial,
pues masticamos simetrías de perfección
divina opera para las esquinas de tracería,
pasado y futuro…, aromas que se respiran
en el sacrosanto drama de las coronaciones
ambivalencia de lámparas de esta realidad.
Mirándonos.
Sé que tu contemplación es ráfaga de agua secreta
sede de los dedos que se llenan en mis alientos,
fanal de incendios de una bebida de apnea
en el ónice de los latidos y huellas contenidas…,
queriendo convertirnos en perlas de luna brillante
que deja el beso de las ubicaciones en la llanura,
adorándonos en el amanecer de la ternura de los ciertos.
Nuestro rincón del corazón, regla de resplandores
secretos en acceso para dejarse lavar por cortinas,
una búsqueda de alas para el sueño más reciente
pues el amor es lastre del toque en manos de olas.
Pues el amor es inundación de resplandores.
Aquella, la primera sonrisa de bóveda secreta
de un corazón que, aun herido en sus tiempos,
reconoce la docilidad de la dulzura soñada.
¡Es el momento para ir hacia el velo de los eternos!
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luzyabsenta