Orfelunio
Poeta veterano en el portal

Soneto y canción
de los niños misiegos
Que si una mula
Que si un buey
Que si una cuna
Que si dios es rey
¡Ya está bien de mamonadas!
Ya está bien hombre, ya está bien.
Que los niños os engañan,
que sois vosotros los que creéis…
Adornar la tarea es del poeta
que no sea sin pena ni más gloria,
con que dejar su letra en la receta
si es autor el que escribe de memoria.
El porqué, si se busca por la meta,
es el cómo nos donan en su historia,
la distancia en el tiempo que veleta
son los mares lectivos en su euforia.
Terminado el problema sólo queda
un papel que se arruga entre su palmo
sin haber hecho caso al corazón.
Nuevo intento será si es que recuerda,
que no fueron poemas de gran salmo
poetas que están faltos de ilusión.
Se me parten los huesos
por culpa de los niños misiegos…
Yo, el Urtain de los bosques,
el Manuel de los pucheros,
ya preparo los peroles
y hago un guiso superior,
con los niños chacineros
que se calzan de charol.
Cantad guisos, cantad,
que ya llega la hora.
Cantad guisos, cantad,
que los niños están de moda.
Cantad guisos, cantad,
que los grillos están que roban
con su cri, kiricri, kiricrá.
Se busca al nen chocolatero
por tráfico de dulces;
no saben que los chocolates
los regalan los reyes con chuches.
Y saben que los monederos,
son balones hinchados sin chutes
en regalos que son disparates,
que si buenos o no, los discutes.
Que en la noche de todo agorero
siempre está la fiesta disguste
si el que tantos se queda de empates
porque alguno juega al embute.
Y se viste con todo el florero,
y se aplica bien el empaste,
para el culto que tiene su fuste
en los cantos del buen cocinero.
Los aromas ya llevan al traste
ilusiones de fábricas rotas;
por ejemplos están los de sastres
cuando rotas se ven las pelotas.
¡Niños misiegos!,
jugad con las piedras,
jugad con las olas,
jugad en la tierra,
que viene Manuel con sus guisos
y quiere llevársela toda.
Por allí andaba Mario esconde
que se le veía la cartera;
¡pobre hombre!,
que cogió sólo billetes
porque no había monedas.
Pobre niño.
-dijo doña Isidora-
Sin juguetes, cómo llora…
Pobre niño,
mala hora;
pobres peques,
mala noche,
rey manchú…
A la noche como tú,
yo le digo nochemiente,
y la llamo pecadora
por vestir la ingratitud.
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