• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Soneto que no suena a soneto (14 versos, sin anunciarse)

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Te pensé con el cuerpo antes que con la memoria,
como se piensa una puerta entreabierta
cuando nadie ha dicho que se puede pasar.

No hiciste nada
y sin embargo
dejaste el aire distinto alrededor de mi cintura.

Tu ausencia no fue limpia,
tenía temperatura,
un modo lento de quedarse en la piel.

Yo no te deseaba,
te habitaba
como se habita un error que da placer.

Todavía mi mano duda
cuando el día me toca.
 
Te pensé con el cuerpo antes que con la memoria,
como se piensa una puerta entreabierta
cuando nadie ha dicho que se puede pasar.

No hiciste nada
y sin embargo
dejaste el aire distinto alrededor de mi cintura.

Tu ausencia no fue limpia,
tenía temperatura,
un modo lento de quedarse en la piel.

Yo no te deseaba,
te habitaba
como se habita un error que da placer.

Todavía mi mano duda
cuando el día me toca.
...................Intriga el poema mi señor..............
.........pero me gusta el sentir que transmite........
...........y la esencia que deja........
.........Besos hermosos para usted........
..........Claridad........
 
Lo que quise decir —cuando lo escribí— fue esto:
Quise decir que no pensé desde la cabeza,
que no llegué a ti por el recuerdo,
ni por la historia,
ni por una idea bonita del amor.
Quise decir que el cuerpo fue primero,
que algo en mí te reconoció
antes de que yo pudiera explicarlo.
Como cuando una puerta está entreabierta
y el cuerpo ya sabe
que algo puede cambiar
aunque nadie lo haya autorizado.
Quise decir que no hiciste nada,
y aun así lo alteraste todo.
Que bastó tu cercanía —ni siquiera tu gesto
para que el aire alrededor de mí
se volviera distinto,
más atento,
más vulnerable,
como si mi cintura hubiera aprendido
otra forma de existir.
Quise decir que tu ausencia no fue vacío,
que no se fue limpiamente.
Se quedó con temperatura,
con peso,
con una lentitud que no lastima
pero insiste.
Una ausencia que toca
sin tocar.
Quise decir que no fue deseo en el sentido común,
no fue hambre ni impulso.
Fue algo más peligroso:
te habitaba.
Como se habita un error
que no se quiere corregir
porque da placer,
porque explica algo de uno mismo
que nunca había sido nombrado.
Quise decir que eso no terminó,
que todavía sigue actuando en mí.
Que incluso ahora,
cuando el día me toca —lo cotidiano, lo real
mi mano duda.
Porque aprendió otra temperatura.
Porque el cuerpo recuerda
lo que la razón nunca terminó de autorizar.
Eso quise decir.
Y por eso parece un soneto sin serlo:
porque no obedecí a la forma,
obedecí a la verdad
de lo que el cuerpo ya había escrito
antes que yo.
 
Última edición:
Atrás
Arriba