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Somos nada

Agustín Nicolás

"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Somos nada

Debo en algo dejar mi esencia,
mi alma así lo exige.
Poco a poco se termina mi existencia,
aunque los años no así lo indiquen.

Escasa edad, ya la muerte me busca,
ansiosa de ver que mi carne se pudra.
En lograr atraparme se apura,
aunque temor provoca, en mis líneas mi ser perdura.

Tristeza por mis ojos se refleja,
al no poder vivir como se debiera.
Angustia enfermiza, ni amar ni reír me deja,
tantas cosas que no voy a vivir, ojalá volver el tiempo pudiera.

A cuando jugaba a la pelota afuera,
con mis vecinos, amigos de la infancia,
cuando hacíamos de ladrones o policía,
armados con fierros, dentro de una casa abandonada.

Corriendo por la arbolada atrás de casa,
construyendo la nuestra con viejas chapas,
trepándonos al sauce de la plaza y conversando hasta la nochecita.
Qué rápido el tiempo pasa...

Esos tiempos jamás volverán,
pero viven impresos en mi memoria,
guardados en lo más recóndito de mi ser,
hasta que la tiniebla los pierda.

La vida es conciencia,
la muerte es el apagado de ésta.
La vida es sueño,
la muerte es su despertar.

La memoria actúa como baúl de recuerdos,
selecciona los importantes, sin darnos cuenta,
y nos los agrupa en nuestra mente.
El resto, el otro gran resto infinito de momentos vividos,
se pierde.

La vida es sueño,
el sueño es la vida,
la memoria es siempre la misma.

Lo vivido en el sueño y lo vivido realmente
es lo mismo al fin y al cabo
cuando la memoria actúa.

Luego todo se apaga,
y se lo queda el olvido.
Somos nada.
 
Somos nada

Debo en algo dejar mi esencia,
mi alma así lo exige.
Poco a poco se termina mi existencia,
aunque los años no así lo indiquen.

Escasa edad, ya la muerte me busca,
ansiosa de ver que mi carne se pudra.
En lograr atraparme se apura,
aunque temor provoca, en mis líneas mi ser perdura.

Tristeza por mis ojos se refleja,
al no poder vivir como se debiera.
Angustia enfermiza, ni amar ni reír me deja,
tantas cosas que no voy a vivir, ojalá volver el tiempo pudiera.

A cuando jugaba a la pelota afuera,
con mis vecinos, amigos de la infancia,
cuando hacíamos de ladrones o policía,
armados con fierros, dentro de una casa abandonada.

Corriendo por la arbolada atrás de casa,
construyendo la nuestra con viejas chapas,
trepándonos al sauce de la plaza y conversando hasta la nochecita.
Qué rápido el tiempo pasa...

Esos tiempos jamás volverán,
pero viven impresos en mi memoria,
guardados en lo más recóndito de mi ser,
hasta que la tiniebla los pierda.

La vida es conciencia,
la muerte es el apagado de ésta.
La vida es sueño,
la muerte es su despertar.

La memoria actúa como baúl de recuerdos,
selecciona los importantes, sin darnos cuenta,
y nos los agrupa en nuestra mente.
El resto, el otro gran resto infinito de momentos vividos,
se pierde.

La vida es sueño,
el sueño es la vida,
la memoria es siempre la misma.

Lo vivido en el sueño y lo vivido realmente
es lo mismo al fin y al cabo
cuando la memoria actúa.

Luego todo se apaga,
y se lo queda el olvido.
Somos nada.
Sólo lo sabremos, cuando podamos tocar nuestra existencia.
Líneas reflexivas.

Saludos
 
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