Maroc
Alberto
La frontera de mis tripas
es un borrón de sombras,
las lágrimas son testigo de
su ausencia,
el pulso de los extremos
me devoró para siempre
en aquel lugar entre las nubes
para que pudiera
oler la melancolía
probada en los refugios
de los incautos,
todos muertos,
miro al sonido
más fuerte de mi lata,
sencillo,
autónomo e inocente
pincel de mis deseos
más dulces,
vamos a verificar
las tardes derretidas
de mis labios
entre el plano de la traición
errónea de los susurros
sin conciencia,
entre los sabores vírgenes,
hasta el movimiento
altivo de los cantes
de fuego donde,
como locos,
se pierden
los egoístas dormidos,
ahora ya no soy
un niño burbuja
al renacer,
porque tengo un lugar
en el hueco
de mis zapatos,
en las venas de mi sangre.
es un borrón de sombras,
las lágrimas son testigo de
su ausencia,
el pulso de los extremos
me devoró para siempre
en aquel lugar entre las nubes
para que pudiera
oler la melancolía
probada en los refugios
de los incautos,
todos muertos,
miro al sonido
más fuerte de mi lata,
sencillo,
autónomo e inocente
pincel de mis deseos
más dulces,
vamos a verificar
las tardes derretidas
de mis labios
entre el plano de la traición
errónea de los susurros
sin conciencia,
entre los sabores vírgenes,
hasta el movimiento
altivo de los cantes
de fuego donde,
como locos,
se pierden
los egoístas dormidos,
ahora ya no soy
un niño burbuja
al renacer,
porque tengo un lugar
en el hueco
de mis zapatos,
en las venas de mi sangre.