Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
La bruma me esconde de los cuervos.
El cielo es pegajoso sus aladas criaturas
descienden voraces con sus gargantas abiertas.
La noche se fragmenta en los tejados en forma de trozos
de pizarras añascadas en un viejo saco de carbón.
Cada pisada acerca más la niebla al río,
los carruajes viajan solos en la harinosa ciudad
que a cada campanada
se aleja más del día y entra en un azulado resplandor de muerte y decadencia.
Y sólo yo soy testigo del grito mudo de la urbe escondida
como yo de los pájaros
que se han vuelto locos otra vez
y atacan a todos lanzándose en picado sobre nuestras Cabezas.
El resto son cadáveres.
Dibujando formas torpes en el suelo difuminadas por el último gesto de miedo
que se les quedó grabado en el rostro.
Sombras de bultos preñadas de silencio.
Reservados todos los derechos©
El cielo es pegajoso sus aladas criaturas
descienden voraces con sus gargantas abiertas.
La noche se fragmenta en los tejados en forma de trozos
de pizarras añascadas en un viejo saco de carbón.
Cada pisada acerca más la niebla al río,
los carruajes viajan solos en la harinosa ciudad
que a cada campanada
se aleja más del día y entra en un azulado resplandor de muerte y decadencia.
Y sólo yo soy testigo del grito mudo de la urbe escondida
como yo de los pájaros
que se han vuelto locos otra vez
y atacan a todos lanzándose en picado sobre nuestras Cabezas.
El resto son cadáveres.
Dibujando formas torpes en el suelo difuminadas por el último gesto de miedo
que se les quedó grabado en el rostro.
Sombras de bultos preñadas de silencio.
Reservados todos los derechos©
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