Heme aquí,
Cuan desproporcionadas
Van las formas revueltas
Por el cubo cristalino y débil
De la imaginación inescrupulosa,
El fragor de la vigencia ha caducado
Y el hondo sigilo de lo raudo ha fenecido,
Decolorando los matices subsidiaros de la vida.
Inclemente expira, sin vigor, ni alguna gracia,
Aquel impulso visceral de lo fecundo,
Atenuando vehemente los reflejos seniles
De la rabia que hubo masticado vorazmente
Las entrañas cerebrales de otro tiempo.
Débilmente me declinan sismos óseos
Al letargo aminorado de la decrepitud,
Brevemente los infiernos se derrochan
En mis ulceras y llagas,
Levemente me desarma el viento asmático,
No acaricia mi piel acartonada,
Cansada y recostada
En varias capaz de períodos difusos.
Me abandona el tiempo
Y ya me empaca
En el estrecho cedro de la sumisión
Mientras el olvido me descarta,
En la broncínea placa de la desilusión