BOHEMIOJUBILADO_
Poeta recién llegado
[video=youtube;U8_Gk2Gx9TU]http://www.youtube.com/watch?v=U8_Gk2Gx9TU[/video]
Sólo quedan recuerdos
De los años de mujer joven, la única imagen de la Mamá que conserva mi memoria, es la de un retrato amarillento en su alcoba, colgado de un clavito tan oxidado como mi recuerdo. De mirada ingenua, como sus raíces de pueblo; una nariz perfecta que poseía la altivez y los genes de quizás algún país exótico; boca grande de labios maquillados y bien delineados que dejaban ver tras ellos una constelación de estrellas; cabello largo y lacio que caía en su dorso y dejaba al desnudo su cuello; cara pulida, sonrosada por el rocío de aquellas montañas que le despertaban alma y cuerpo.
La Mamá era encantadora según consta en aquella añeja imagen. Aún su cara no llevaba las marcas de incontables amarguras ni de malos recuerdos; todavía se alimentaba de sus sueños y acariciaba, creo, la idea de tener hijos y contar con muchos nietos.
A La Mamá, a la de carne y hueso, la conocí con más de cuarenta años a cuestas, con un delantal impecablemente blanco, su cara arrugada por diez embarazos y las piernas invadidas de varices tras mantener su vientre durante nueve años en infinita espera. Fueron diez partos, diez ilusiones, diez bendiciones antes de ir a la escuela. Recuerdo su argolla, de oro, en el anular de su mano derecha, de un matrimonio de hierro que ante la sociedad tenía el rótulo de eterno.
Hoy que la evoco desde la distancia pienso en las preguntas que siempre quise hacerle y nunca pronuncié: ¿Mamá, cuáles son tus ilusiones. De dónde sacas tus fuerzas. Por qué nos lo haces todo y ninguno te presta cuidado ni agradece. A qué horas respiras. Acaso la frase no más no está en tu vocabulario. Con qué soñabas de pequeña. A dónde quedó tu belleza. Qué fue de tu dentadura. Qué pensaste cuando nací. Por qué El Papá nunca te envió una flor. Cómo se pueden parir y amamantar diez hijos deseándolos a todos?
El Papá brilló por su buen gusto e inteligencia cuando eligió a mi vieja como compañera de sus pasos y su lecho; de verdad era muy hermosa según demuestra aquel retrato sepia. A mí me tocó conocerla no tan joven ni tan bella, pero eso me fue indiferente, yo necesitaba una madre, no una reina de belleza.
BOHEMIOJUBILADO_
De los años de mujer joven, la única imagen de la Mamá que conserva mi memoria, es la de un retrato amarillento en su alcoba, colgado de un clavito tan oxidado como mi recuerdo. De mirada ingenua, como sus raíces de pueblo; una nariz perfecta que poseía la altivez y los genes de quizás algún país exótico; boca grande de labios maquillados y bien delineados que dejaban ver tras ellos una constelación de estrellas; cabello largo y lacio que caía en su dorso y dejaba al desnudo su cuello; cara pulida, sonrosada por el rocío de aquellas montañas que le despertaban alma y cuerpo.
La Mamá era encantadora según consta en aquella añeja imagen. Aún su cara no llevaba las marcas de incontables amarguras ni de malos recuerdos; todavía se alimentaba de sus sueños y acariciaba, creo, la idea de tener hijos y contar con muchos nietos.
A La Mamá, a la de carne y hueso, la conocí con más de cuarenta años a cuestas, con un delantal impecablemente blanco, su cara arrugada por diez embarazos y las piernas invadidas de varices tras mantener su vientre durante nueve años en infinita espera. Fueron diez partos, diez ilusiones, diez bendiciones antes de ir a la escuela. Recuerdo su argolla, de oro, en el anular de su mano derecha, de un matrimonio de hierro que ante la sociedad tenía el rótulo de eterno.
Hoy que la evoco desde la distancia pienso en las preguntas que siempre quise hacerle y nunca pronuncié: ¿Mamá, cuáles son tus ilusiones. De dónde sacas tus fuerzas. Por qué nos lo haces todo y ninguno te presta cuidado ni agradece. A qué horas respiras. Acaso la frase no más no está en tu vocabulario. Con qué soñabas de pequeña. A dónde quedó tu belleza. Qué fue de tu dentadura. Qué pensaste cuando nací. Por qué El Papá nunca te envió una flor. Cómo se pueden parir y amamantar diez hijos deseándolos a todos?
El Papá brilló por su buen gusto e inteligencia cuando eligió a mi vieja como compañera de sus pasos y su lecho; de verdad era muy hermosa según demuestra aquel retrato sepia. A mí me tocó conocerla no tan joven ni tan bella, pero eso me fue indiferente, yo necesitaba una madre, no una reina de belleza.
BOHEMIOJUBILADO_
Última edición: