Soledad que acomete contra mis ojos
magnifica de penurias mis quejas.
Muerde mis testículos para desgarrarme
la única carne tierna de mi febril cuerpo.
Solo estoy, como una puta de carretera en el campo,
sin un flácido pene con sabor a barro
que alimente su mono de fría aguja
que halle muerte en el abismal hueco de sonrisas.
Solo, cual inepto viento encerrado entre mármol,
en el panteón de una familia muerta
por el frío que ahora es su único hijo.
Solo, para solo estar con la soledad
hablando de viejos barrotes que ambos
tuvimos la ácida suerte de compartir.
Amor pues fue verdugo de las caricias de sangre
y llantos perennes que apaciguaron a mis bestias.
Rugidos de la colmena que una vez fue
música de latidos y terremotos en mis senos.
Ahora hogar de alfileres húmedos
entrados en piel, y esclavos de mi enfermedad,
llamada vida.
Solo, con la única mirada de malicia
que corrompe a los pensamientos en claro
que debería despertar a mis dos únicas compañías;
una hoja seca y una pluma estéril.