Byroniana
Poeta fiel al portal
Soledad
Soledad, nada más.
Soledad, aunque mucha,
pero llamada soledad.
Así siento el transcurrir
de mi vida, frío, angosto,
camino de piedras
y surcos gastados.
Soledad, porque
si ya no puedo amar,
solo siento soledad.
Porque si te clavas
cada vez que lo siento,
solo siento soledad,
porque si robó
mi razón de amar
para quedársela eternamente
soledad, Dios mío, soledad.
Porque si el olvido es
recordar que debe estar
en el olvido, y aun
recuerdo ese olvido,
no rehuyas de llamarte soledad.
Y el dolor de ser pronunciada
la palabra que quema mis labios,
la mal nacida de aquellas penas
del alma consumada,
la desgraciada,
la maldita,
la que ancla su destino vivaz
y corroe los sentidos benignos,
la seductora por su dulzura,
y tentadora del suicidio
Sin más, aunque podría
extenderme en la altivez
de su palabra y definirla
como la misma sangre
que vierte el alma,
y esculpirla en mis versos
como el veneno del poeta,
sin más, os presento,
a la asesina de los alegres
poemas,
a la loca de vanidades ,
a la que enamora con
sus delirios,
a la que deja este cuerpo,
el mío,
hundido en las congojas
mortales
y en los sepulcros divinos,
¡sí, os presento a ella,
con un gran aplauso
recibidla: Soledad!
y así todos moriréis
al sentirla,
como yo ya he muerto.
Soledad, nada más.
Soledad, aunque mucha,
pero llamada soledad.
Así siento el transcurrir
de mi vida, frío, angosto,
camino de piedras
y surcos gastados.
Soledad, porque
si ya no puedo amar,
solo siento soledad.
Porque si te clavas
cada vez que lo siento,
solo siento soledad,
porque si robó
mi razón de amar
para quedársela eternamente
soledad, Dios mío, soledad.
Porque si el olvido es
recordar que debe estar
en el olvido, y aun
recuerdo ese olvido,
no rehuyas de llamarte soledad.
Y el dolor de ser pronunciada
la palabra que quema mis labios,
la mal nacida de aquellas penas
del alma consumada,
la desgraciada,
la maldita,
la que ancla su destino vivaz
y corroe los sentidos benignos,
la seductora por su dulzura,
y tentadora del suicidio
Sin más, aunque podría
extenderme en la altivez
de su palabra y definirla
como la misma sangre
que vierte el alma,
y esculpirla en mis versos
como el veneno del poeta,
sin más, os presento,
a la asesina de los alegres
poemas,
a la loca de vanidades ,
a la que enamora con
sus delirios,
a la que deja este cuerpo,
el mío,
hundido en las congojas
mortales
y en los sepulcros divinos,
¡sí, os presento a ella,
con un gran aplauso
recibidla: Soledad!
y así todos moriréis
al sentirla,
como yo ya he muerto.