Me duele el velo de miradas,
la estela de los cuerpos alejándose.
Me apuñalan en el pecho
donde quiebra el alma, donde muerde la voz.
Me duele este mundo que es nuestro mundo.
Me duelen los fuegos que se apagan, que no dan calor.
Me retuerce y ahoga este mundo
que mientras más perece el alma más brilla su ataúd.
Me inervan esos recintos de estúpidos
donde lo más efímero que tiene el hombre alza metales apagados, fríos, ridículos.
Me irritan sus gritos de euforia y sus ondulaciones bailando frente al espejo.
Me duele este mundo, este siglo, este territorio infame.
Me enceguecen las luces de neón, su persistencia queriendo suplantar al sol.
Me angustia el océano de cabezas que flotan como espuma, como camalotes, y se arrastran por la corriente.
Me duele este mundo que es nuestro mundo, de envases de vidrio sin contenido... Un mundo donde no hay lugar para los desconocidos.
la estela de los cuerpos alejándose.
Me apuñalan en el pecho
donde quiebra el alma, donde muerde la voz.
Me duele este mundo que es nuestro mundo.
Me duelen los fuegos que se apagan, que no dan calor.
Me retuerce y ahoga este mundo
que mientras más perece el alma más brilla su ataúd.
Me inervan esos recintos de estúpidos
donde lo más efímero que tiene el hombre alza metales apagados, fríos, ridículos.
Me irritan sus gritos de euforia y sus ondulaciones bailando frente al espejo.
Me duele este mundo, este siglo, este territorio infame.
Me enceguecen las luces de neón, su persistencia queriendo suplantar al sol.
Me angustia el océano de cabezas que flotan como espuma, como camalotes, y se arrastran por la corriente.
Me duele este mundo que es nuestro mundo, de envases de vidrio sin contenido... Un mundo donde no hay lugar para los desconocidos.