Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sobran las horas; se diría que el tiempo se detiene y los minutos se hacen interminables. Apenas estrenada, abre su negra boca la noche, amenazando tragarnos, en una vorágine de tinieblas y sombras.
Desvelado, huye el sueño por puente de plata, camino de la luna; esa luna que hoy no brillará en el cielo. Golpea el silencio contra el oído y se hace presente, señor omnipotente de la noche.
El lecho es como un barco, zarandeado por oscuro oleaje y se hace insoportable potro de tortura. Me levanto y recorro la casa con paso medido y cuidadoso. El cuarto de estar, todavía templado, me acoge, con un libro para la mano. La lámpara de pie riega de luz el sillón en que me siento, y entenebrece las paredes, oscureciendo la noche que se filtra por las ventanas. La música rompe en pedazos el pesado silencio, dando vida al aire en que respiro. Tiene la música su hechizo, más patente y verdadero en la noche, cuando no hay ni un ruido con quien disputar la atención.
Después, serán un viejo cuaderno y un lápiz, quienes vayan desentrañando el ser de los sueños. Confidencias en la noche, hechas a uno mismo, a ese yo, que ahora siento lejos.
Miro por la ventana. Todavía no hay claridad, parece que jamás fuese a ser de día.
Canta Rosa León :
"La noche está en mí
abajo, la niña durmiendo,
parece feliz..."
La noche está en mí. La noche soy yo, metida, clavada en lo más profundo del corazón.
Desvelado, huye el sueño por puente de plata, camino de la luna; esa luna que hoy no brillará en el cielo. Golpea el silencio contra el oído y se hace presente, señor omnipotente de la noche.
El lecho es como un barco, zarandeado por oscuro oleaje y se hace insoportable potro de tortura. Me levanto y recorro la casa con paso medido y cuidadoso. El cuarto de estar, todavía templado, me acoge, con un libro para la mano. La lámpara de pie riega de luz el sillón en que me siento, y entenebrece las paredes, oscureciendo la noche que se filtra por las ventanas. La música rompe en pedazos el pesado silencio, dando vida al aire en que respiro. Tiene la música su hechizo, más patente y verdadero en la noche, cuando no hay ni un ruido con quien disputar la atención.
Después, serán un viejo cuaderno y un lápiz, quienes vayan desentrañando el ser de los sueños. Confidencias en la noche, hechas a uno mismo, a ese yo, que ahora siento lejos.
Miro por la ventana. Todavía no hay claridad, parece que jamás fuese a ser de día.
Canta Rosa León :
"La noche está en mí
abajo, la niña durmiendo,
parece feliz..."
La noche está en mí. La noche soy yo, metida, clavada en lo más profundo del corazón.
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