NOTA: Me ha sido imposible adjuntar la nota de voz con el recitado del poema. Pido disculpas a los lectores que estarían interesados en escuchar este magnífico poema declamado. Seguiré intentándolo.
Salvador.
SINFONIA GALLEGA
Vais a oír la Alborada de Veiga...
La Alboradade Veiga es... ¡La Alborada!
Porque si en todas partes amanece,
nunca como en Galicia. Allí parece
que es un perpetuo amanecer la hora.
La gaita añoradora va diciendo:
Verdores de los prados,
donde la vaca pace,
simbólica de toda la riqueza
que Dios permite, y yace
en la naturaleza.
El Césped joven, el maizal, la parra,
que sostienen pilares de granito;
la hiedra, que desgarra
el pétreo monte. El fresco huertecito...
Las carretas de heno,
con su chillar doliente y su olor bueno.
La aldea en romería...
(Matinales allegros).
Las largas trenzas y los ojos negros.
La suavidad dela melancolía
de una copla de cuna
y de un pálido sol, como la luna.
El robledal sagrado.
(La oscura carballeira).
En el aire mojado,
un cohete, cual lirio deshojado,
entre los sones cae de la muñeira,
y apenas detonado, se deshace
la luminosa sierpe, en tanto hace
a la Charanga popular sordina
la huata de la tépida neblina...
Dice la gaita el hórreo y la cabaña.
Los húmedos canchales...
El subir y el bajar de la montaña...
Los ríos torrenciales...
El orballo que empapa los maizales...
Empieza allá en la cima
lejana —¿monte o nube?—.
Desciende al valle y sube
de nuevo... Se aproxima
y se aleja... Se apaga y se reanima.
Pasa de rayo a llama, a luz, a lumbre...
como pasa del trágico alarido
guerrero (con el céltico aturrullo)
al lamento, al quejido,
al suspiro, al arrullo,
al tierno llanto del recién nacido...
Oid, amigos, que es Galicia austera,
Galicia campesina y marinera,
la siempre verde en tierra y mar, la noble
tierra del heno humilde, el fuerte roble...
¡La España madre de la España entera!
Oid, que ya es muy vaga,
que ya es muy dulce, que se va y se apaga,
dejando entre las verdes soledades
¡saudades, y saudades, y saudades!
MANUEL MACHADO
(1874–1947.
Salvador.
SINFONIA GALLEGA
Vais a oír la Alborada de Veiga...
La Alboradade Veiga es... ¡La Alborada!
Porque si en todas partes amanece,
nunca como en Galicia. Allí parece
que es un perpetuo amanecer la hora.
La gaita añoradora va diciendo:
Verdores de los prados,
donde la vaca pace,
simbólica de toda la riqueza
que Dios permite, y yace
en la naturaleza.
El Césped joven, el maizal, la parra,
que sostienen pilares de granito;
la hiedra, que desgarra
el pétreo monte. El fresco huertecito...
Las carretas de heno,
con su chillar doliente y su olor bueno.
La aldea en romería...
(Matinales allegros).
Las largas trenzas y los ojos negros.
La suavidad dela melancolía
de una copla de cuna
y de un pálido sol, como la luna.
El robledal sagrado.
(La oscura carballeira).
En el aire mojado,
un cohete, cual lirio deshojado,
entre los sones cae de la muñeira,
y apenas detonado, se deshace
la luminosa sierpe, en tanto hace
a la Charanga popular sordina
la huata de la tépida neblina...
Dice la gaita el hórreo y la cabaña.
Los húmedos canchales...
El subir y el bajar de la montaña...
Los ríos torrenciales...
El orballo que empapa los maizales...
Empieza allá en la cima
lejana —¿monte o nube?—.
Desciende al valle y sube
de nuevo... Se aproxima
y se aleja... Se apaga y se reanima.
Pasa de rayo a llama, a luz, a lumbre...
como pasa del trágico alarido
guerrero (con el céltico aturrullo)
al lamento, al quejido,
al suspiro, al arrullo,
al tierno llanto del recién nacido...
Oid, amigos, que es Galicia austera,
Galicia campesina y marinera,
la siempre verde en tierra y mar, la noble
tierra del heno humilde, el fuerte roble...
¡La España madre de la España entera!
Oid, que ya es muy vaga,
que ya es muy dulce, que se va y se apaga,
dejando entre las verdes soledades
¡saudades, y saudades, y saudades!
MANUEL MACHADO
(1874–1947.
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