Aurora-
Poeta recién llegado
Ícaro.
Nunca pensé que estaría aquí,
escribiendo sobre tu ausencia,
en la orilla, descalza y sin nada,
viendo cómo te alejas del mar.
No te culpo por navegar,
por ansiar las aguas,
las corrientes y el viento,
por querer romper los límites.
Cómo alzas tus alas, Ícaro,
cómo vuelas cerca del sol,
cómo presumes de tu vuelo,
cómo caerás con infinita razón.
Eras una sombra, negra y rota,
soy una sombra llena de cosas;
mi alma está desgarrada, respiro,
tomo plumas y guardo silencio.
Tú eras brillante, lleno de colores,
te uniste a hienas buscando sangre,
huiste con pavos reales y su voz,
y acabaste en las sombras, conmigo.
Muestra tus máscaras dibujadas,
tus cuchillos de cristal y hielo,
tus mentiras maquilladas, sin peso,
tus rincones de estrellas sin luz.
Moldeate hasta definir tu pieza,
píntate con los pigmentos adecuados,
define tus cartas para tener el sino,
juega con la vida y las almas mortales.
Sé esa divinidad que tanto buscas,
vuela alto, hasta que no quede nada:
rastros de piezas mal hechas para ti,
llénate de humo edulcorado sin fin.
No merezco ser polvo en tus manos,
no merezco ser tu comodín gastado,
no merezco callar cuando gritas,
no merezco estar en el filo de tu red.
Camino lejos, con los labios salados,
mientras mis huellas se evaporan,
y mi sombra se aleja con otras;
no siento culpa, solo tranquilidad.
Ya no navegamos en tormentas,
estoy en la orilla, con sombras:
rotas, marginadas, excluidas y reales,
y respiro hondo, ya no dudo del amor.
Nos acusaste de no saber comprenderte,
te hiciste la víctima queriendo destacar;
rompimos tus palabras con verdad,
y corriste lejos, hacia el inmenso mar.
Vuela alto, Ícaro, y no mires atrás;
descubre tus sirenas y su canto,
vete a las islas más brillantes,
ve surcando el ojo del huracán.
Y recuerda: las sonrisas
tienen dientes afilados.
Tal vez, si vuelves algún día,
si decides mirar, de verdad,
habremos volado dejando atrás
plumas de colores y vendajes.
Solo queríamos a alguien
que nos quisiera como el alma,
sin estar más al filo del margen,
pero tú nunca lo comprenderás.
Adiós, y gracias por darme
una bonita ilusión del amor;
estaré con aquellos invisibles
que siempre diste por seguro.
“Dedicado a esa persona que nunca será del todo real.”
Nunca pensé que estaría aquí,
escribiendo sobre tu ausencia,
en la orilla, descalza y sin nada,
viendo cómo te alejas del mar.
No te culpo por navegar,
por ansiar las aguas,
las corrientes y el viento,
por querer romper los límites.
Cómo alzas tus alas, Ícaro,
cómo vuelas cerca del sol,
cómo presumes de tu vuelo,
cómo caerás con infinita razón.
Eras una sombra, negra y rota,
soy una sombra llena de cosas;
mi alma está desgarrada, respiro,
tomo plumas y guardo silencio.
Tú eras brillante, lleno de colores,
te uniste a hienas buscando sangre,
huiste con pavos reales y su voz,
y acabaste en las sombras, conmigo.
Muestra tus máscaras dibujadas,
tus cuchillos de cristal y hielo,
tus mentiras maquilladas, sin peso,
tus rincones de estrellas sin luz.
Moldeate hasta definir tu pieza,
píntate con los pigmentos adecuados,
define tus cartas para tener el sino,
juega con la vida y las almas mortales.
Sé esa divinidad que tanto buscas,
vuela alto, hasta que no quede nada:
rastros de piezas mal hechas para ti,
llénate de humo edulcorado sin fin.
No merezco ser polvo en tus manos,
no merezco ser tu comodín gastado,
no merezco callar cuando gritas,
no merezco estar en el filo de tu red.
Camino lejos, con los labios salados,
mientras mis huellas se evaporan,
y mi sombra se aleja con otras;
no siento culpa, solo tranquilidad.
Ya no navegamos en tormentas,
estoy en la orilla, con sombras:
rotas, marginadas, excluidas y reales,
y respiro hondo, ya no dudo del amor.
Nos acusaste de no saber comprenderte,
te hiciste la víctima queriendo destacar;
rompimos tus palabras con verdad,
y corriste lejos, hacia el inmenso mar.
Vuela alto, Ícaro, y no mires atrás;
descubre tus sirenas y su canto,
vete a las islas más brillantes,
ve surcando el ojo del huracán.
Y recuerda: las sonrisas
tienen dientes afilados.
Tal vez, si vuelves algún día,
si decides mirar, de verdad,
habremos volado dejando atrás
plumas de colores y vendajes.
Solo queríamos a alguien
que nos quisiera como el alma,
sin estar más al filo del margen,
pero tú nunca lo comprenderás.
Adiós, y gracias por darme
una bonita ilusión del amor;
estaré con aquellos invisibles
que siempre diste por seguro.
“Dedicado a esa persona que nunca será del todo real.”