ivoralgor
Poeta fiel al portal
El descaro de un mensaje sin letras se despide de una boca vacía de palabras.
- Me voy se oye decir al silencio incubado en dolores mezquinos y exabruptos.
La hiel de verde esmeralda se verte en los labios anegados en llanto. El sol misántropo se cruza de brazos para ver morir al descaro de unos ojos perdidos en fantasías inocuas y viles.
- A veces no basta morir recita en versos cacofónicos la avalancha de epitelios sublinguales dopados con savia etílica.
Se despide, arrugado, el encanto de lo impoluto de la dermis del mensaje que añora un sueño sin soñador. Desea vivir por cuenta propia a las orillas de un manojo de soledades intrínsecas y deshonestas. Sufrir, el abrigo que lo envuelve en tersos satenes de melancolía discreta.
- Me quedo en las fauces de la infinita perdición invocando lo estruendoso de un silencio. Me dejo descuartizar por la solemnidad de la ignominia de mi proceder. Ciego, sordo cae en vilo la voz antes de descifrar el mensaje sin letras.
Al final, la esquizofrenia me ha hecho llorar. Un amante se sube la bragueta y deja esparcidas una docena de rosas endeblemente escarlatas. A veces ya no basta morir se me ha olvidado firmar el mensaje ante el apuro de ver el infierno que es vivir mis extrañas condolencia a la puta, inerte y lívida, que descansa entre las rosas. El sombrero lo he dejado, cubriendo su sexo ensangrentado, por pudor.
- Me voy se oye decir al silencio incubado en dolores mezquinos y exabruptos.
La hiel de verde esmeralda se verte en los labios anegados en llanto. El sol misántropo se cruza de brazos para ver morir al descaro de unos ojos perdidos en fantasías inocuas y viles.
- A veces no basta morir recita en versos cacofónicos la avalancha de epitelios sublinguales dopados con savia etílica.
Se despide, arrugado, el encanto de lo impoluto de la dermis del mensaje que añora un sueño sin soñador. Desea vivir por cuenta propia a las orillas de un manojo de soledades intrínsecas y deshonestas. Sufrir, el abrigo que lo envuelve en tersos satenes de melancolía discreta.
- Me quedo en las fauces de la infinita perdición invocando lo estruendoso de un silencio. Me dejo descuartizar por la solemnidad de la ignominia de mi proceder. Ciego, sordo cae en vilo la voz antes de descifrar el mensaje sin letras.
Al final, la esquizofrenia me ha hecho llorar. Un amante se sube la bragueta y deja esparcidas una docena de rosas endeblemente escarlatas. A veces ya no basta morir se me ha olvidado firmar el mensaje ante el apuro de ver el infierno que es vivir mis extrañas condolencia a la puta, inerte y lívida, que descansa entre las rosas. El sombrero lo he dejado, cubriendo su sexo ensangrentado, por pudor.