SILENCIO
Esa distancia en forma de corazón callado,
ese llorar silencioso calle arriba,
subiendo por los troncos delicados
de las libélulas insomnes por la luz que fagocitan.
Callada está la noche y los precipicios dormidos,
esperando con sus párpados abiertos el triunfo del silencio.
Caminos de frontera, limitados por las aguas y sus días
y calles sobre el desierto que aflora despeñándose
desde la inocencia de un zapato levantado.
Allí, en la ferviente madrugada sin madréporas,
mi corazón callado ya ha perdido sus distancias
y las libélulas de brillo ultravioleta me dejan, azoradas.
Ha nacido un sentimiento en el camino que vuelve.
Ha nacido envuelto en porvenir y luces de neón.
Bajo mi brazo o junto al cálido vello de mi sexo
renacen esos sentimientos que yo no ignoro:
forman parte del silencio que reclamo,
de esas piedras que adormecen junto a mí.
Tuvieron formas que he olvidado, mis inútiles sentimientos,
forma de una clave de sol o la del femenino singular
de los suspiros amargos cuando el orgasmo se acaba.
Tuvieron forma de equis al nacer en la nueva madrugada.
¡Cuánto aliento devorado entre las piedras!
Desierto callado, útero magnífico, engendrador del silencio.
Ilust.: Víctor Enrich. “Mersand”.
Esa distancia en forma de corazón callado,
ese llorar silencioso calle arriba,
subiendo por los troncos delicados
de las libélulas insomnes por la luz que fagocitan.
Callada está la noche y los precipicios dormidos,
esperando con sus párpados abiertos el triunfo del silencio.
Caminos de frontera, limitados por las aguas y sus días
y calles sobre el desierto que aflora despeñándose
desde la inocencia de un zapato levantado.
Allí, en la ferviente madrugada sin madréporas,
mi corazón callado ya ha perdido sus distancias
y las libélulas de brillo ultravioleta me dejan, azoradas.
Ha nacido un sentimiento en el camino que vuelve.
Ha nacido envuelto en porvenir y luces de neón.
Bajo mi brazo o junto al cálido vello de mi sexo
renacen esos sentimientos que yo no ignoro:
forman parte del silencio que reclamo,
de esas piedras que adormecen junto a mí.
Tuvieron formas que he olvidado, mis inútiles sentimientos,
forma de una clave de sol o la del femenino singular
de los suspiros amargos cuando el orgasmo se acaba.
Tuvieron forma de equis al nacer en la nueva madrugada.
¡Cuánto aliento devorado entre las piedras!
Desierto callado, útero magnífico, engendrador del silencio.
Ilust.: Víctor Enrich. “Mersand”.