La eché de menos más de lo que calculaba, y sin embargo no lo suficiente como para dejar de pensar. Las horas se acumularon en tediosa consecuencia y así buscando que hacer, entre atardecer y atardecer, entre los caminos de carretera y los de a pie... llegue a fronteras que la introspección hizo ya no ajenas... sino más bien llevaderas para luego sembrar secuelas. Automatizar reacciones en sorprendente secuencia.
El saludar a los desconocidos se me hizo costumbre, sonreír a peatones, ceder el paso, ayudar con el mandado a un anciano...
Es reconfortante ver que la cortesía es tan espontánea y reciproca como queramos creer en ella.
La espada del cinismo he devuelto a su funda, para dejar las manos libres para tomar una foto, para saludar a cualquiera, aplaudir al mimo de la plaza, atrapar un globo que se escapaba.
La vida, hoy por hoy, vale la pena de ser vivida.
La extrañé hasta que comprendí que no era por ella la nostalgia, era por el recuerdo de lo que tuvimos, de los atardeceres juntos, de las charlas....
Entonces... sigo vivo.
El saludar a los desconocidos se me hizo costumbre, sonreír a peatones, ceder el paso, ayudar con el mandado a un anciano...
Es reconfortante ver que la cortesía es tan espontánea y reciproca como queramos creer en ella.
La espada del cinismo he devuelto a su funda, para dejar las manos libres para tomar una foto, para saludar a cualquiera, aplaudir al mimo de la plaza, atrapar un globo que se escapaba.
La vida, hoy por hoy, vale la pena de ser vivida.
La extrañé hasta que comprendí que no era por ella la nostalgia, era por el recuerdo de lo que tuvimos, de los atardeceres juntos, de las charlas....
Entonces... sigo vivo.