Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
SIESTA Y FANTASIA
Precede la voz el milagro.
Un silencio de cadáveres se advierte
al cruzar los zaguanes de la siesta;
quedan lejos terruños de migrañas
que son las virtudes de un morir diario,
ostracismo de pendencias veraniegas.
Se oye una voz, llega,
sacude el candil, lo apaga.
Desde las entrañas el sueño asoma,
es tímido
como el milagro del viento escondido en los oídos
y el esplendor de ciertas alas colándose adentra
con sus fuelles de mudez y calicanto.
Así,
la fantasía
recoge su litera
toma el libro, se inclina.
Escribe arropándose
la primera lagrima,
la ausencia.
Precede la voz el milagro.
Un silencio de cadáveres se advierte
al cruzar los zaguanes de la siesta;
quedan lejos terruños de migrañas
que son las virtudes de un morir diario,
ostracismo de pendencias veraniegas.
Se oye una voz, llega,
sacude el candil, lo apaga.
Desde las entrañas el sueño asoma,
es tímido
como el milagro del viento escondido en los oídos
y el esplendor de ciertas alas colándose adentra
con sus fuelles de mudez y calicanto.
Así,
la fantasía
recoge su litera
toma el libro, se inclina.
Escribe arropándose
la primera lagrima,
la ausencia.
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