de pronto miraste el mar ese mar
que no le han puesto nombre
no las gárgaras del oleaje el remedio
no el barniz primario de los peces
no el orzuelo en los ojos la tormenta
siguiendo el ocre mimbre de los ríos
llegaste a la desembocadura
tributaria de la noche
y en sus afluentes
aquel goteo
de tinta la embriaguez de los versos
y dijiste
privadle de vestido y de adjetivo
de pompa de sonido de hojarasca
y dijiste
lo que sea de reptar se eleve
no la cáscara escama de los dioses
no la sombra los húmedos helechos
ni aquel verde felpa de las ciénagas
el mar ese mar
sobre las piedras de alquitrán sobre
las urnas a medio llenar sobre el mosto
de palabras al fondo del pocillo
diste el tacto
no el esmalte de musgos la corteza
jamás el azul piedra laja de los cerros
diste el tacto y era cierto
a un tono del añil
arden las aguavivas
y era cierto
humean los enjambres
la última madreselva
y era cierto
lo quieres traer te lleva
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