Franco Harris
Poeta recién llegado
Heme aquí frente a tus pupilas empañadas
que mi rostro, un Octubre agonizante te muestra,
es éste el monstruo que no quise que vieras,
del que te protegí cuando la Luna aún era nuestra.
Te abracé entre tinieblas y me negué a amanecer
para que no vieras el polvo al que había que volver
cuando en mi cara vieras a tu peor enemigo aparecer.
De tus labios el rocío entre pétalos
veneno de saciedad que no apaga mi sed
de vida, de tiempo en esta tortuosa red
que nos despedaza en fútiles manojos,
de esa esperanza que sabe a eternidad
esperando los besos que carecen de humedad,
de esa alegría que se cuela por la vanidad
y en la luz se distorsiona camuflando la verdad.
Heme aquí querida que yo soy aquel por quien sangras
y aunque sea difícil de entender, sabes que me amas,
heme aquí, sí soy el mismo al que reclamas
por un rayo de oro que jamás tocó tu ventana
y a través del velo discreto que han tejido nuestras almas,
como fantasmas deambularán por la mañana.
No me mires así, ya no puedo hacer nada,
el crepúsculo náutico ha abierto sus ojos,
la caja de Pandora está rota y decepcionada,
el astro rey pronto vendrá por nosotros.
Estoy tan cansado de esconderme al alba
de esperar que entiendas de lo que te hablaba
cuando decía vamos, es ahora o nunca,
cuando olvidaba que el cuerpo nos trunca
pues tú perteneces a la raza temerosa
y yo a la de los que no mueren nunca,
tú mirarás la mañana sonrojada y cobriza
y yo te diré adiós con él resplandor que hechiza.
Heme aquí querida que yo soy aquel por quien sufres,
quien te libera de un amor que nunca nos hizo libres.
que mi rostro, un Octubre agonizante te muestra,
es éste el monstruo que no quise que vieras,
del que te protegí cuando la Luna aún era nuestra.
Te abracé entre tinieblas y me negué a amanecer
para que no vieras el polvo al que había que volver
cuando en mi cara vieras a tu peor enemigo aparecer.
De tus labios el rocío entre pétalos
veneno de saciedad que no apaga mi sed
de vida, de tiempo en esta tortuosa red
que nos despedaza en fútiles manojos,
de esa esperanza que sabe a eternidad
esperando los besos que carecen de humedad,
de esa alegría que se cuela por la vanidad
y en la luz se distorsiona camuflando la verdad.
Heme aquí querida que yo soy aquel por quien sangras
y aunque sea difícil de entender, sabes que me amas,
heme aquí, sí soy el mismo al que reclamas
por un rayo de oro que jamás tocó tu ventana
y a través del velo discreto que han tejido nuestras almas,
como fantasmas deambularán por la mañana.
No me mires así, ya no puedo hacer nada,
el crepúsculo náutico ha abierto sus ojos,
la caja de Pandora está rota y decepcionada,
el astro rey pronto vendrá por nosotros.
Estoy tan cansado de esconderme al alba
de esperar que entiendas de lo que te hablaba
cuando decía vamos, es ahora o nunca,
cuando olvidaba que el cuerpo nos trunca
pues tú perteneces a la raza temerosa
y yo a la de los que no mueren nunca,
tú mirarás la mañana sonrojada y cobriza
y yo te diré adiós con él resplandor que hechiza.
Heme aquí querida que yo soy aquel por quien sufres,
quien te libera de un amor que nunca nos hizo libres.