ropittella
Poeta veterana en el Portal
El aire se pobló de un profundo aroma a almendras, fue en una noche de insomnio con la ventana abierta al aire cálido, pero muy quieto, del verano en la montaña. Pensé que serían los almendros florecidos, y, pensé en el color de tus ojos, color de almendra, después pensé en cómo te gustaban a vos las almendras, en tu gusto favorito del helado... Algo era raro, el aroma tan persistente se me había impregnado en toda la piel de las manos y en la de los párpados, tanto se me había impregnado que si pestañeaba o movía las manos para espantar a algún mosquito -esos breves instantes en los que se producía el movimiento más rápido de la aventura posible del aire- en la nariz entraban como ráfagas violentas del intenso aroma a almendras, hasta que desperté y supe que lo inexplicable no era, porque no había montaña, ni almendros, ni insomnio ni verano...
Todo había sido un sueño en el que tus ojos eran lo único cierto.
Todo había sido un sueño en el que tus ojos eran lo único cierto.
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