Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Cuando estás en soledad, aprendes a tratar a las personas por lo que son, y si no lo aprendes, yo tengo el placer de explicártelo:
El paso número uno, y el más importante: No me seas melón, no se te pase por la cabeza endiosar a nadie. Es preferible creer en Dios, hazme caso. Incluso creer que eres Dios. Así por lo menos disfrutas de la película.
Las mamás tienden a sobreproteger a sus hijos para no quedarse solas.
No cometas la insensatez de crearte otra cuenta de Facebook para perseguir a tu ex novia.
Si tienes un sueño en el que aparezca tu amor platónico, que sea al menos para mandarla a freír espárragos.
¿Ya lo has hecho?
Estás preparado para el paso número dos: alimenta tu ego, no tu amor propio, o terminarás intentando algo guarro e indecente.
Fíjate en cómo todos esos seres pecaminosos te miran y observan, como si viesen algo nuevo e imprescindible para ellos, a la vez que inalcanzable.
Para mirar y no tocar.
Paso tres y último, y el más trascendente de todos:
NUNCA TE CREAS DIOS.
Hay un colectivo innumerable de enviados del diablo perfectamente capacitados para darte sepultura.
Si estás solo en esto, y has cometido la estupidez final, recuerda:
El mundo se rige por el vicio, no por el dinero.
El dinero solo es el medio a través del cual alcanzar la inmadurez intelectual.
Bendito seas si además de creerte Dios, eres Dios, pero no se han inventado películas para ello.
Serías un pionero, una innovación insoportable para la industria del cine.
Y el pobre Dios, se crea o no Dios, sea o no Dios, será un pobre diablo atrapado en cuerpo de hombre.
Paso final: No te esfuerces en demostrar a Dios. Es imposible.
Y además de estar solo, no querrás tener al mundo en tu contra, ¿no?
Que nadie te diga nunca lo que tienes que sentir.
Si no sientes nada, has llegado al final.
Justo a ese punto donde entran en escena los suicidas y los que los tienen bien puestos.
Te tiendo mi mano y te doy mi enhorabuena.
Mi misión ha terminado.
Imagina qué hubiera pasado si no nos hubiésemos conocido.
El paso número uno, y el más importante: No me seas melón, no se te pase por la cabeza endiosar a nadie. Es preferible creer en Dios, hazme caso. Incluso creer que eres Dios. Así por lo menos disfrutas de la película.
Las mamás tienden a sobreproteger a sus hijos para no quedarse solas.
No cometas la insensatez de crearte otra cuenta de Facebook para perseguir a tu ex novia.
Si tienes un sueño en el que aparezca tu amor platónico, que sea al menos para mandarla a freír espárragos.
¿Ya lo has hecho?
Estás preparado para el paso número dos: alimenta tu ego, no tu amor propio, o terminarás intentando algo guarro e indecente.
Fíjate en cómo todos esos seres pecaminosos te miran y observan, como si viesen algo nuevo e imprescindible para ellos, a la vez que inalcanzable.
Para mirar y no tocar.
Paso tres y último, y el más trascendente de todos:
NUNCA TE CREAS DIOS.
Hay un colectivo innumerable de enviados del diablo perfectamente capacitados para darte sepultura.
Si estás solo en esto, y has cometido la estupidez final, recuerda:
El mundo se rige por el vicio, no por el dinero.
El dinero solo es el medio a través del cual alcanzar la inmadurez intelectual.
Bendito seas si además de creerte Dios, eres Dios, pero no se han inventado películas para ello.
Serías un pionero, una innovación insoportable para la industria del cine.
Y el pobre Dios, se crea o no Dios, sea o no Dios, será un pobre diablo atrapado en cuerpo de hombre.
Paso final: No te esfuerces en demostrar a Dios. Es imposible.
Y además de estar solo, no querrás tener al mundo en tu contra, ¿no?
Que nadie te diga nunca lo que tienes que sentir.
Si no sientes nada, has llegado al final.
Justo a ese punto donde entran en escena los suicidas y los que los tienen bien puestos.
Te tiendo mi mano y te doy mi enhorabuena.
Mi misión ha terminado.
Imagina qué hubiera pasado si no nos hubiésemos conocido.
Última edición: