IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
El cielo descansa en las manos de dios,
en algún punto infinito,
de recuerdo vivo,
donde las estrellas nunca habitaron,
el cielo se viste de noche eterna,
como cada noche soñada,
como cada sueño vivido,
la mente de algún dios nos ha imaginado,
imposible creerle al viento,
la voluntad
entre esta vastedad
es indescriptible,
improbable la vida,
aún la muerte la persigue,
porque ella es débil,
se limita con la finitud,
se contenta con que no olviden su existir,
y nunca ha existido tal ser que la corrompa,
la vida en cambio florece,
a pesar de la enferma manera,
la cadena y su condena es el miedo,
el miedo de un creador
igualmente acomplejado,
la universalidad del temor es capaz
de apagar hasta la inmortalidad del vacío,
del todo que aún muere,
y cuando el vacío se muera,
seremos libres.
en algún punto infinito,
de recuerdo vivo,
donde las estrellas nunca habitaron,
el cielo se viste de noche eterna,
como cada noche soñada,
como cada sueño vivido,
la mente de algún dios nos ha imaginado,
imposible creerle al viento,
la voluntad
entre esta vastedad
es indescriptible,
improbable la vida,
aún la muerte la persigue,
porque ella es débil,
se limita con la finitud,
se contenta con que no olviden su existir,
y nunca ha existido tal ser que la corrompa,
la vida en cambio florece,
a pesar de la enferma manera,
la cadena y su condena es el miedo,
el miedo de un creador
igualmente acomplejado,
la universalidad del temor es capaz
de apagar hasta la inmortalidad del vacío,
del todo que aún muere,
y cuando el vacío se muera,
seremos libres.