IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Se siente dentro,
entre puentes y latitudes,
entre latidos de aire,
la codicia del vivir,
entre días y arboleda,
dueños sin bandera,
con sueños,
sin fronteras las estrellas caen,
y el horizonte
a cada una las contiene,
pareciera
que lo eterno también cede,
cada sueño único,
oro entre vientos,
es faro del tiempo,
y nuestro destino,
indómito como voluntad de algún dios,
su sendero,
quisiera
cada amanecer sentir y recordar,
que querer es poder ver,
deber es querer ser,
y ser, es vivir plenamente,
pero la tormenta, insaciable,
hace que todo ennegrezca,
esta noche persigue a los días,
aquel sol alumbraba a mi amada,
pero aún ella me domina como al mar,
danza de cuerpo inerte,
danza al compás de mi muerte,
aún cada suspiro
roza con el goce de tocarte,
la rima puede ser luz,
iluminando tu belleza,
la noche sombra,
abrazando a tu estrella más lejana,
pero aún así,
mis lágrimas
siempre te nombran,
así que tu herida será
lo que al tiempo le deba,
lo que al desconsuelo cure,
bajo el hechizo
de besos que nutran tu suelo,
aún mis segundos sanarán,
los ojos de tu boca,
y renacerás,
como rosa en primavera,
y yo, bendecido,
como gota primera
para un tallo perfecto,
para un alma duradera.
entre puentes y latitudes,
entre latidos de aire,
la codicia del vivir,
entre días y arboleda,
dueños sin bandera,
con sueños,
sin fronteras las estrellas caen,
y el horizonte
a cada una las contiene,
pareciera
que lo eterno también cede,
cada sueño único,
oro entre vientos,
es faro del tiempo,
y nuestro destino,
indómito como voluntad de algún dios,
su sendero,
quisiera
cada amanecer sentir y recordar,
que querer es poder ver,
deber es querer ser,
y ser, es vivir plenamente,
pero la tormenta, insaciable,
hace que todo ennegrezca,
esta noche persigue a los días,
aquel sol alumbraba a mi amada,
pero aún ella me domina como al mar,
danza de cuerpo inerte,
danza al compás de mi muerte,
aún cada suspiro
roza con el goce de tocarte,
la rima puede ser luz,
iluminando tu belleza,
la noche sombra,
abrazando a tu estrella más lejana,
pero aún así,
mis lágrimas
siempre te nombran,
así que tu herida será
lo que al tiempo le deba,
lo que al desconsuelo cure,
bajo el hechizo
de besos que nutran tu suelo,
aún mis segundos sanarán,
los ojos de tu boca,
y renacerás,
como rosa en primavera,
y yo, bendecido,
como gota primera
para un tallo perfecto,
para un alma duradera.