IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Se alzaba el sol,
sin descenso próximo,
porque toda estrella ha comenzado a caer,
azules verdosos,
entre tonos rosados y anacarados,
se mueven nuestros cuerpos,
pétalos de oro,
caen en un mar calmo,
su quietud es inquietud para el viento,
pues todo movimiento
tiende siempre
al colapso de su energía,
de a poco el agua se congela,
y todo tiende al entumecimiento,
pasan milenios
de tristeza muda,
de comodidad mortal,
de eternidad casi infinita,
todo parece detenerse,
entre un espacio
que no se acompaña ni a si mismo,
de pronto
se abre el cielo,
y el hielo ahora quema,
caen enfebrecidas promesas
que fueron esperanza,
ahora, cólera,
por un instante
respiramos nuevamente,
para incinerarnos junto al caos.
sin descenso próximo,
porque toda estrella ha comenzado a caer,
azules verdosos,
entre tonos rosados y anacarados,
se mueven nuestros cuerpos,
pétalos de oro,
caen en un mar calmo,
su quietud es inquietud para el viento,
pues todo movimiento
tiende siempre
al colapso de su energía,
de a poco el agua se congela,
y todo tiende al entumecimiento,
pasan milenios
de tristeza muda,
de comodidad mortal,
de eternidad casi infinita,
todo parece detenerse,
entre un espacio
que no se acompaña ni a si mismo,
de pronto
se abre el cielo,
y el hielo ahora quema,
caen enfebrecidas promesas
que fueron esperanza,
ahora, cólera,
por un instante
respiramos nuevamente,
para incinerarnos junto al caos.