Sentencia
Y dijo
entonces
aquel Dios
desde su silla de celajes
No habrá
un lugar
en la manigua de los tiempos
ni esquina alguna
que provea sombra
ni sombra cierta
que acompañe tu cuerpo
No existirá
en las habitaciones de la noche
vigilia que brame
en tus ojos
de animal privilegiado
ni cabrán
en tu boca
las cenizas de las bocas
que mordieron arrugas de besos
y besos
que no encarnaron
palabras de indulgencia
Y será
en el ágora
de los silencios
donde tu impericia
de piedra
enaltecida de hambre
volverá
al inicio del regreso
Y ecos de aguas
ya sin sal
infinita fermentación
desaguaran
la nada que depusiste
en el orificio asignado
a perpetuo
albedrio
Dime
entonces
hijo sin costilla
si amaste
a un solo grano de arena
si diste
a las tormentas
un calvario de caricias
si dibujaste
cubierto de soledad
una tarde
encubierta de gaviotas
Y si por si acaso
tu olvido
olvidó
que de palabras
eres
porque en ellas
liquidarás tus pasos
Dime
dime
y te dispensaré
un minuto
de silencio
Y aquel Dios
de mil tigres
en su boca
dejó su silla de celajes
quitó puñales
de telarañas
ancladas en el cielo
y se concibió
escarcha de letras
Desde entonces
hay una vacante
imborrable
en el ir
y venir
de las estaciones
y un punto suspensivo
a la espera
de un verso
Y dijo
entonces
aquel Dios
desde su silla de celajes
No habrá
un lugar
en la manigua de los tiempos
ni esquina alguna
que provea sombra
ni sombra cierta
que acompañe tu cuerpo
No existirá
en las habitaciones de la noche
vigilia que brame
en tus ojos
de animal privilegiado
ni cabrán
en tu boca
las cenizas de las bocas
que mordieron arrugas de besos
y besos
que no encarnaron
palabras de indulgencia
Y será
en el ágora
de los silencios
donde tu impericia
de piedra
enaltecida de hambre
volverá
al inicio del regreso
Y ecos de aguas
ya sin sal
infinita fermentación
desaguaran
la nada que depusiste
en el orificio asignado
a perpetuo
albedrio
Dime
entonces
hijo sin costilla
si amaste
a un solo grano de arena
si diste
a las tormentas
un calvario de caricias
si dibujaste
cubierto de soledad
una tarde
encubierta de gaviotas
Y si por si acaso
tu olvido
olvidó
que de palabras
eres
porque en ellas
liquidarás tus pasos
Dime
dime
y te dispensaré
un minuto
de silencio
Y aquel Dios
de mil tigres
en su boca
dejó su silla de celajes
quitó puñales
de telarañas
ancladas en el cielo
y se concibió
escarcha de letras
Desde entonces
hay una vacante
imborrable
en el ir
y venir
de las estaciones
y un punto suspensivo
a la espera
de un verso