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Sencillamente

Riolita

Poeta adicto al portal
A veces me siento un reverendo
hijo de puta mientras bebo,
tranquilamente,
mi café con las patitas
en el agua y hundo
la vista en el horizonte,
y hago así con la cabeza
como queriendo completarlo,
en ocasiones hasta perderme,
y digo, con cierto desgano
y casi que por repetición:
qué lindo día.

Cuando al mismo tiempo
y en otro sitio,
distante o próximo eso qué importa,
la poesía
o lo que llamamos impotencia
nos traspasa:

de su roce fulminante
nace esta historia:


Hay olores nauseabundos
por ejemplo el de las volquetas
a fin de año.
Hay otros, no tan rancios,
por más que espesos,
como el de pelo chamuscado
o al querosén de una lámpara
que acaba de volcarse,

bueno qué decir de aquellas
avionetas echando
veneno en el campo.

Yo no te hablo de esa acumulación
de algas que el viento amontonaba
en la orilla
y que de niño por puro
aburrimiento esparcía.

Tal vez podría cotejarlo
con las comadrejas que pasan
días en la ruta con el cráneo abierto
por los perros, los cables de alta tensión
o la idiotez humana.

Pero no hay parangón posible.

Y aunque es común
en lugares costeros
el hedor a lobo marino
que no por intermitente es menos intenso...

Porque otras veces son tortugas
que quedan encayadas
en los tembladerales
y que los enormes buitres
devoran pacientemente
prolongando su fetidez.

Pero no, ésta vez el aire tiene un tufo
distinto, un rechazo corrosivo,
más que perverso: desalmado.

Y te hace pensar, mierda,
cuántos nombres tiene el odio:
exterminio, saqueo, limpieza étnica,
alevosía, impunidad, codicia y más...

Dicen que hay aromas
que transportan a la infancia.

Yo digo que éste, sencillamente,
anula el porvenir.

 
Última edición:


A veces me siento un reverendo
hijo de puta mientras bebo,
tranquilamente,
mi café con las patitas
en el agua y hundo
la vista en el horizonte
hasta completarlo,
y a lo mejor perderme,
y decir, con cierto desgano,
qué lindo día,

cuando al mismo tiempo
y en otro sitio,
distante o próximo eso qué importa,
la poesía o lo que llamamos impotencia
nos traspasa.

De su roce fulminante
nace esta historia:


Hay olores nauseabundos
por ejemplo el de las volquetas
a fin de año.
Hay otros, no tan rancios,
por más que espesos,
como el de pelo chamuscado
o a querosén de una lámpara
que acaba de volcarse,
o el de avionetas echando
veneno en el campo.

Yo no te hablo de esa acumulación
de algas que el viento amontonaba
en la orilla
y que de niño por puro
aburrimiento esparcía.

Tal vez podría cotejarlo
con las comadrejas que pasan
días en la ruta con el cráneo abierto
por los perros, los cables de alta tensión o la idiotez humana.

Pero no hay parangón posible.

Y aunque es común
en lugares costeros
el hedor a lobo marino
que no por intermitente es menos intenso.

Porque otras veces son tortugas
que quedan encayadas
en los tembladerales
y que los enormes
buitres devoran pacientemente
prolongando su fetidez.

Pero no, ésta vez el aire tiene un tufo
distinto, un rechazo corrosivo,
más que perverso
desalmado.

Y te hace pensar, mierda,
cuántos nombres tiene el odio:
exterminio, saqueo, limpieza étnica,
alevosía, impunidad, codicia y más...

Dicen que hay aromas
que transportan a la infancia.

Yo digo que éste, sencillamente,
anula el porvenir.
Dios mío, que serio, que lacerante tu decir, y sin embargo que bello. Yo, cómo mujer citadina, hablaría de otros hedores, causados por cuerpos humanos destrozados encontrados en bolsas negras debido a la guerra del narco, por basurales acumulados en las banquetas, por alcantarillas obstruidas que cuado llueve más de lo normal causan inundaciones en las que el agua contaminadas de mierda llena las casas por semanas por la incapacidad del gobierno para resolver expeditamente la situación y diría: es la acumulación de gente en la ciudad. Pero estás en el campo abierto dónde se desarrolla la vida libre y aún así hiede. No parece haber espacio limpio, aún sin la presencia del ser humano.
Siempre un placer leerte.
 
No sé si es más filosófico o sociopolítico y actual, pero en cualquier caso es un excelente poema.
Mis felicitaciones y abrazo, Riolita.
 
Dios mío, que serio, que lacerante tu decir, y sin embargo que bello. Yo, cómo mujer citadina, hablaría de otros hedores, causados por cuerpos humanos destrozados encontrados en bolsas negras debido a la guerra del narco, por basurales acumulados en las banquetas, por alcantarillas obstruidas que cuado llueve más de lo normal causan inundaciones en las que el agua contaminadas de mierda llena las casas por semanas por la incapacidad del gobierno para resolver expeditamente la situación y diría: es la acumulación de gente en la ciudad. Pero estás en el campo abierto dónde se desarrolla la vida libre y aún así hiede. No parece haber espacio limpio, aún sin la presencia del ser humano.
Siempre un placer leerte.
Lacerante es la extensión de este poema, Luciana, dile a Riolita que aprenda a resumir.
Presumir ya sabe.;)
Un abrazo.
 
Última edición:
A veces me siento un reverendo
hijo de puta mientras bebo,
tranquilamente,
mi café con las patitas
en el agua y hundo
la vista en el horizonte,
y hago así con la cabeza
hasta completarlo,
y a lo mejor perderme,
y digo, con cierto desgano,
qué lindo día,

cuando al mismo tiempo
y en otro sitio,
distante o próximo eso qué importa,
la poesía o lo que llamamos impotencia
nos traspasa.

De su roce fulminante
nace esta historia:


Hay olores nauseabundos
por ejemplo el de las volquetas
a fin de año.
Hay otros, no tan rancios,
por más que espesos,
como el de pelo chamuscado
o al querosén de esta lámpara
que acaba de volcarse,
o porqué no aquellas
avionetas echando
veneno en el campo.

Yo no te hablo de esa acumulación
de algas que el viento amontonaba
en la orilla
y que de niño por puro
aburrimiento esparcía.

Tal vez podría cotejarlo
con las comadrejas que pasan
días en la ruta con el cráneo abierto
por los perros, los cables de alta tensión
o la idiotez humana.

Pero no hay parangón posible.

Y aunque es común
en lugares costeros
el hedor a lobo marino
que no por intermitente es menos intenso.

Porque otras veces son tortugas
que quedan encayadas
en los tembladerales
y que los enormes buitres
devoran pacientemente
prolongando su fetidez.

Pero no, ésta vez el aire tiene un tufo
distinto, un rechazo corrosivo,
más que perverso
desalmado.

Y te hace pensar, mierda,
cuántos nombres tiene el odio:
exterminio, saqueo, limpieza étnica,
alevosía, impunidad, codicia y más...

Dicen que hay aromas
que transportan a la infancia.

Yo digo que éste, sencillamente,
anula el porvenir.
Hola, compañero Riolita.
Es un poema tremendo que dice tanto...

Cuántos nombres tiene el odio...

Excelente poema y sobretodo necesario.
Abrazo grande!
 
A veces me siento un reverendo
hijo de puta mientras bebo,
tranquilamente,
mi café con las patitas
en el agua y hundo
la vista en el horizonte,
y hago así con la cabeza
como queriendo completarlo,
en ocasiones hasta perderme,
y decir, con cierto desgano
y casi que por repetición:
qué lindo día.

Cuando al mismo tiempo
y en otro sitio,
distante o próximo eso qué importa,
la poesía
o lo que llamamos impotencia
nos traspasa:

de su roce fulminante
nace esta historia:


Hay olores nauseabundos
por ejemplo el de las volquetas
a fin de año.
Hay otros, no tan rancios,
por más que espesos,
como el de pelo chamuscado
o al querosén de una lámpara
que acaba de volcarse,

bueno qué decir de aquellas
avionetas echando
veneno en el campo.

Yo no te hablo de esa acumulación
de algas que el viento amontonaba
en la orilla
y que de niño por puro
aburrimiento esparcía.

Tal vez podría cotejarlo
con las comadrejas que pasan
días en la ruta con el cráneo abierto
por los perros, los cables de alta tensión
o la idiotez humana.

Pero no hay parangón posible.

Y aunque es común
en lugares costeros
el hedor a lobo marino
que no por intermitente es menos intenso...

Porque otras veces son tortugas
que quedan encayadas
en los tembladerales
y que los enormes buitres
devoran pacientemente
prolongando su fetidez.

Pero no, ésta vez el aire tiene un tufo
distinto, un rechazo corrosivo,
más que perverso: desalmado.

Y te hace pensar, mierda,
cuántos nombres tiene el odio:
exterminio, saqueo, limpieza étnica,
alevosía, impunidad, codicia y más...

Dicen que hay aromas
que transportan a la infancia.

Yo digo que éste, sencillamente,
anula el porvenir.

"Pero no, ésta vez el aire tiene un tufo
distinto, un rechazo corrosivo,
más que perverso: desalmado.

Y te hace pensar, mierda,
cuántos nombres tiene el odio:
exterminio, saqueo, limpieza étnica,
alevosía, impunidad, codicia y más...

Dicen que hay aromas
que transportan a la infancia.

Yo digo que éste, sencillamente,
anula el porvenir."

Ya solo con esos versos finales, compañero, hiciste un gran poema .
Ha sido un verdadero placer tomar el café de sobremesa contigo
y llevarme aromas del sur. Un abrazo
 
"Pero no, ésta vez el aire tiene un tufo
distinto, un rechazo corrosivo,
más que perverso: desalmado.

Y te hace pensar, mierda,
cuántos nombres tiene el odio:
exterminio, saqueo, limpieza étnica,
alevosía, impunidad, codicia y más...

Dicen que hay aromas
que transportan a la infancia.

Yo digo que éste, sencillamente,
anula el porvenir."

Ya solo con esos versos finales, compañero, hiciste un gran poema .
Ha sido un verdadero placer tomar el café de sobremesa contigo
y llevarme aromas del sur. Un abrazo
Estaba medio amargado ese día, compañera.
En serio que es una alegría poder acompañar tu sobremesa.
Abrazo hasta allí; y canción:

 
Última edición:
Estaba medio amargado ese día, compañera.
En serio que es una alegría poder acompañar tu sobremesa.
Abrazo hasta allí. Y canción:


Pues se ve que te sienta muy bien la medio amargura, para escribir,
pero tómala en dosis pequeñas;)
No conocía "La vela puerca" aunque creo recordar que estuvieron hace poco por aquí,
es una canción muy bonita, una hermosa dedicatoria,
aproveché para hacer turismo, jajaja, desde el sillón, qué bellos paisajes hay por el sur...
Yo traigo al Robe que nos dejó hace poco y aunque yo soy más de canciones que de cantantes
( me toca muy de cerca, somos paisanos) hoy viene con Leiva.
Gracias, compañero, por estos ratitos. Un abrazo


 
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A veces me siento un reverendo
hijo de puta mientras bebo,
tranquilamente,
mi café con las patitas
en el agua y hundo
la vista en el horizonte,
y hago así con la cabeza
como queriendo completarlo,
en ocasiones hasta perderme,
y digo, con cierto desgano
y casi que por repetición:
qué lindo día.

Cuando al mismo tiempo
y en otro sitio,
distante o próximo eso qué importa,
la poesía
o lo que llamamos impotencia
nos traspasa:

de su roce fulminante
nace esta historia:


Hay olores nauseabundos
por ejemplo el de las volquetas
a fin de año.
Hay otros, no tan rancios,
por más que espesos,
como el de pelo chamuscado
o al querosén de una lámpara
que acaba de volcarse,

bueno qué decir de aquellas
avionetas echando
veneno en el campo.

Yo no te hablo de esa acumulación
de algas que el viento amontonaba
en la orilla
y que de niño por puro
aburrimiento esparcía.

Tal vez podría cotejarlo
con las comadrejas que pasan
días en la ruta con el cráneo abierto
por los perros, los cables de alta tensión
o la idiotez humana.

Pero no hay parangón posible.

Y aunque es común
en lugares costeros
el hedor a lobo marino
que no por intermitente es menos intenso...

Porque otras veces son tortugas
que quedan encayadas
en los tembladerales
y que los enormes buitres
devoran pacientemente
prolongando su fetidez.

Pero no, ésta vez el aire tiene un tufo
distinto, un rechazo corrosivo,
más que perverso: desalmado.

Y te hace pensar, mierda,
cuántos nombres tiene el odio:
exterminio, saqueo, limpieza étnica,
alevosía, impunidad, codicia y más...

Dicen que hay aromas
que transportan a la infancia.

Yo digo que éste, sencillamente,
anula el porvenir.
La paz momentánea es frágil ante el trasfondo de sufrimiento.
También el impacto del odio y la impotencia en la humanidad.

Saludos
 
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