Aquel ataviado viento de brumoso humo
no fue sino el cual arrastraba su llanto
azuladas lágrimas de faz con gesto sumo
ver muerte inesperada le causaba espanto.
En su cabeza siempre se oían las voces
y sollozos que ella misma producía
y con súbita rabia y espantosa melancolía,
retrataba al inherte ser que moría entonces.
Era la pequeña Selene, hija ferviente de nadie,
apareció en sombras entre lilas en la noche
y acunada por familia de góticos fantoches.
La historia no comienza, de versos ella irradie
pues la niña precedía al mal que conocía
que 7 soles ella percibía con suma precisión
Antes que un no muerto ella hacía rescisión
y la noticia no se extendía, vagaba sin compañía.
Sus pupilas rojas, ensangrentadas, ¡maldición!,
pero mudez inaudita acompañaba su pensar,
y su piel tersa y suave, a blanca transformar.
Señal de duelo y espada quebrada, traición.
Enmascarada en velo negro allí altiva se muestra,
en el monte de la amargura ante el árbol de tristeza.
Por hojas lamentos como lágrimas en su destreza
por su no hablar concebida del parto de la siniestra.
Al girar la mirada con tibia pesadumbrez,
palpó en distancia a un joven, extraña su desnudez.
Liberarse quiso de toda su tenebrosidad
y su piel volvió sugerente, en signo de abundante paz.
El joven demacrado por torturas innegables
aullaba por ayuda, por curarle alguien afable.
En la sumisión aquella niña Selene se mostró
y rauda su habla a sus labios tiernos volvió.
Curarle con palabras todas las heridas,
aunaba fuerzas el joven, libre de toda desdicha.
La niña impresionada no leía en él tormento,
la Muerte en él no estaba, ¿concluiría su lamento?
Para aquel joven vivaracho, la niña significó amor,
para la niña un galante al cual rendía su perdición.
En tal que los dos se miraban en eternidad
a los ojos de la niña el joven produjo frialdad.
Por aquel hecho contristado, en la amargura,
en la penosidad, el joven fue rechazado.
La niña en mudez y distancia tornó su locura
y su piel reflejó infinito dolor angustiado.
"Galante joven, no te rindas" -un sueño tuvo,
de preciosas musas que enconmendaron su tarea,
la idea de preciosas lilas cultivarlas obtuvo,
atraer a la Selene, sacarle de su turbia marea.
"No sigas más, preveo en ti un fin sin igual,
al que macabros contingentes he desvelado.
Mis lagrimales ahora concurren en ácido con sal,
deforme mi faz entornan por haberte amado."
Cuando galante joven lee su escrito,
supo que Selene firmó con abundante sangre,
su huella a él también maldijo,
y del árbol triste colgó del cuello su hambre.
Por no hacer más que pudo Selene tintó sus ojos,
sacó un puñal plateado entre velo triste y sollozos,
liberando así todo mal y oscuros despojos
a su cuerpo y alma condenó, ella misma se hizo trozos.
no fue sino el cual arrastraba su llanto
azuladas lágrimas de faz con gesto sumo
ver muerte inesperada le causaba espanto.
En su cabeza siempre se oían las voces
y sollozos que ella misma producía
y con súbita rabia y espantosa melancolía,
retrataba al inherte ser que moría entonces.
Era la pequeña Selene, hija ferviente de nadie,
apareció en sombras entre lilas en la noche
y acunada por familia de góticos fantoches.
La historia no comienza, de versos ella irradie
pues la niña precedía al mal que conocía
que 7 soles ella percibía con suma precisión
Antes que un no muerto ella hacía rescisión
y la noticia no se extendía, vagaba sin compañía.
Sus pupilas rojas, ensangrentadas, ¡maldición!,
pero mudez inaudita acompañaba su pensar,
y su piel tersa y suave, a blanca transformar.
Señal de duelo y espada quebrada, traición.
Enmascarada en velo negro allí altiva se muestra,
en el monte de la amargura ante el árbol de tristeza.
Por hojas lamentos como lágrimas en su destreza
por su no hablar concebida del parto de la siniestra.
Al girar la mirada con tibia pesadumbrez,
palpó en distancia a un joven, extraña su desnudez.
Liberarse quiso de toda su tenebrosidad
y su piel volvió sugerente, en signo de abundante paz.
El joven demacrado por torturas innegables
aullaba por ayuda, por curarle alguien afable.
En la sumisión aquella niña Selene se mostró
y rauda su habla a sus labios tiernos volvió.
Curarle con palabras todas las heridas,
aunaba fuerzas el joven, libre de toda desdicha.
La niña impresionada no leía en él tormento,
la Muerte en él no estaba, ¿concluiría su lamento?
Para aquel joven vivaracho, la niña significó amor,
para la niña un galante al cual rendía su perdición.
En tal que los dos se miraban en eternidad
a los ojos de la niña el joven produjo frialdad.
Por aquel hecho contristado, en la amargura,
en la penosidad, el joven fue rechazado.
La niña en mudez y distancia tornó su locura
y su piel reflejó infinito dolor angustiado.
"Galante joven, no te rindas" -un sueño tuvo,
de preciosas musas que enconmendaron su tarea,
la idea de preciosas lilas cultivarlas obtuvo,
atraer a la Selene, sacarle de su turbia marea.
"No sigas más, preveo en ti un fin sin igual,
al que macabros contingentes he desvelado.
Mis lagrimales ahora concurren en ácido con sal,
deforme mi faz entornan por haberte amado."
Cuando galante joven lee su escrito,
supo que Selene firmó con abundante sangre,
su huella a él también maldijo,
y del árbol triste colgó del cuello su hambre.
Por no hacer más que pudo Selene tintó sus ojos,
sacó un puñal plateado entre velo triste y sollozos,
liberando así todo mal y oscuros despojos
a su cuerpo y alma condenó, ella misma se hizo trozos.