Cris Cam
Poeta adicto al portal
Seis segundos
Llegué caminando con una piedra en la zapatilla. Me la saqué y la arrojé por encima del tensor superior. Me trepé con la mochila al hombro hasta lo alto de la columna nº 4.
Pude volver a ver el valle verde y amarillo. Verde pletórico de olivares, amarillo sol naranjo rojo y los azahares de este 27 de noviembre.
27 de noviembre. Sí, seguí trepando, llegué, me senté. Trabé la mochila. Saqué el termo. El viento me volaba la yerba pero me hice un mate. Miré hacia abajo me parecieron cantos rodados las rocas del río... mi río... tu río... nuestro río.
Tomé exactamente 7 mates y esparcí la yerba mojada al viento. Saqué dos Sugus de ananá, uno lo arrojé al río y conté hasta 6, caída espiral, retardo aerodinámco, efecto del viento, al otro lo degusté suave, lentamente.
Me saqué la camisa y la até como bandera al rugoso óxido de dos flejes, abulonados, tramados y remachados. Miré los cantos rodados y recordé tu vestido, tu boca, tus pechos, tu vientre. El sabor de tu lengua, tu axila, tu vulva.
La luna me sonríe, pícara como siempre, y comenzó a multiplicarse en el remanso curvo del río.
Respiré, como vos el último 27 de noviembre, sentí como el viento me soplaba el pecho y los cantos rodados se hicieron rocas, en 6 segundos, y como vos, me tragué todos los trozos de luna.
Llegué caminando con una piedra en la zapatilla. Me la saqué y la arrojé por encima del tensor superior. Me trepé con la mochila al hombro hasta lo alto de la columna nº 4.
Pude volver a ver el valle verde y amarillo. Verde pletórico de olivares, amarillo sol naranjo rojo y los azahares de este 27 de noviembre.
27 de noviembre. Sí, seguí trepando, llegué, me senté. Trabé la mochila. Saqué el termo. El viento me volaba la yerba pero me hice un mate. Miré hacia abajo me parecieron cantos rodados las rocas del río... mi río... tu río... nuestro río.
Tomé exactamente 7 mates y esparcí la yerba mojada al viento. Saqué dos Sugus de ananá, uno lo arrojé al río y conté hasta 6, caída espiral, retardo aerodinámco, efecto del viento, al otro lo degusté suave, lentamente.
Me saqué la camisa y la até como bandera al rugoso óxido de dos flejes, abulonados, tramados y remachados. Miré los cantos rodados y recordé tu vestido, tu boca, tus pechos, tu vientre. El sabor de tu lengua, tu axila, tu vulva.
La luna me sonríe, pícara como siempre, y comenzó a multiplicarse en el remanso curvo del río.
Respiré, como vos el último 27 de noviembre, sentí como el viento me soplaba el pecho y los cantos rodados se hicieron rocas, en 6 segundos, y como vos, me tragué todos los trozos de luna.