cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
SECUENCIA Y CONSECUENCIA DEL GEN DE DIOS
Segunda entrega
Sí en el cúmulo de tantos soles y tantas lunas, encuentras en los árboles frutales, en cada una de sus ramas, tus santos genes; no es milagro en las luces de tus sueños. Es la figura siamesa en tu primitiva imagen, del principio de los siglos, como primer ser humano, frente a las aguas de un lago, contemplando su efigie y el nacer de su conciencia, en la selva de sus conocimientos primigenios, esbozando quizás una mueca por sonrisa, alimentando sus sentidos en la Naturaleza. La era de su intuición habrá empezado, en el crecimiento de su cuerpo, alma espíritu, e inteligencia, avanzando cada día, hasta el caudal de nuestra era, plenamente evolucionado, en la edad moderna con todos sus espejos, donde se mira en todos lados, con la brillantes de sus conocimientos, en el despertar de la vida, del mundo y su gente, de donde emana el epicentro de su figura, enlazada con sus ancestros, con los siglos de aquellos tiempos viejos, de donde viene con todos aquellos recursos, cuya fuente alimentó, todas sus dimensiones, para continuación de su especie y del mundo activo que lo rodea, de donde ahora está consciente de su estatus de ser humano, con aquella herencia de todos sus genes, enmarcado en su mapa genético, de su genoma humano que trasciende en una fe, que trae consigo desde sus ancestros, hasta sus generaciones actuales, creyentes y confiados en el Gen de Dios, fortalecido por su imagen y semejanza de sus fieles, biológicamente concebido, desde aquel principio de los siglos, ignorado y descubierto hasta ahora, gracias a la ciencia y científicos de la era moderna, no en el aspecto religioso, pero si coincidente con la biología.
cristóbal monzón lemus
respiro luego escribo
Segunda entrega
Sí en el cúmulo de tantos soles y tantas lunas, encuentras en los árboles frutales, en cada una de sus ramas, tus santos genes; no es milagro en las luces de tus sueños. Es la figura siamesa en tu primitiva imagen, del principio de los siglos, como primer ser humano, frente a las aguas de un lago, contemplando su efigie y el nacer de su conciencia, en la selva de sus conocimientos primigenios, esbozando quizás una mueca por sonrisa, alimentando sus sentidos en la Naturaleza. La era de su intuición habrá empezado, en el crecimiento de su cuerpo, alma espíritu, e inteligencia, avanzando cada día, hasta el caudal de nuestra era, plenamente evolucionado, en la edad moderna con todos sus espejos, donde se mira en todos lados, con la brillantes de sus conocimientos, en el despertar de la vida, del mundo y su gente, de donde emana el epicentro de su figura, enlazada con sus ancestros, con los siglos de aquellos tiempos viejos, de donde viene con todos aquellos recursos, cuya fuente alimentó, todas sus dimensiones, para continuación de su especie y del mundo activo que lo rodea, de donde ahora está consciente de su estatus de ser humano, con aquella herencia de todos sus genes, enmarcado en su mapa genético, de su genoma humano que trasciende en una fe, que trae consigo desde sus ancestros, hasta sus generaciones actuales, creyentes y confiados en el Gen de Dios, fortalecido por su imagen y semejanza de sus fieles, biológicamente concebido, desde aquel principio de los siglos, ignorado y descubierto hasta ahora, gracias a la ciencia y científicos de la era moderna, no en el aspecto religioso, pero si coincidente con la biología.
cristóbal monzón lemus
respiro luego escribo