Sebastián89
Poeta veterano y reconocido en el portal.
A Alina le dolió el cierre de la cartera que la fuerza del abrazo le clavaba entre los senos con una laceración dulce, sostenible. Ceñía a la mujer delgadísima, sintiéndola entera y absoluta dentro de su abrazo
Era el momento de las almas: el eterno abrazo consigo misma. Parecía que no había nadie en el mundo, sólo Alina. Las manecillas del crepúsculo apagaban el día. Sentía como que algo se iba y no se iba, porque el exterior no puede vivir sin el interior y viceversa.
El viento soplaba sobre el rostro de Alina, parecía que su pelo hacía cabriolas en el cielo. Tomó la mano de la mujer y besó su frente, contenía el sabor de las lágrimas entre sus labios como un niño.
─Pronto nos volveremos a encontrar ─dijo Alina─
Cruzó el puente sin más apuro que el de su pecho.
Nota: Este relato fue escrito como parte del Taller de escritura que realizamos en mi curso.
Era el momento de las almas: el eterno abrazo consigo misma. Parecía que no había nadie en el mundo, sólo Alina. Las manecillas del crepúsculo apagaban el día. Sentía como que algo se iba y no se iba, porque el exterior no puede vivir sin el interior y viceversa.
El viento soplaba sobre el rostro de Alina, parecía que su pelo hacía cabriolas en el cielo. Tomó la mano de la mujer y besó su frente, contenía el sabor de las lágrimas entre sus labios como un niño.
─Pronto nos volveremos a encontrar ─dijo Alina─
Cruzó el puente sin más apuro que el de su pecho.
Nota: Este relato fue escrito como parte del Taller de escritura que realizamos en mi curso.